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Portugal mantiene su rechazo a limitar Schengen por Ceuta y se distancia de Italia

Lisboa, 6 sep (EFE).- Portugal mantiene, más de un mes después de la entrada masiva de migrantes en Ceuta, que ese episodio no representó una amenaza inmediata para el espacio Schengen y que no estaba justificado suspender la libre circulación con España, una posición que lo distanció de la respuesta promovida por Italia y Dinamarca y respaldada por otros veinte socios comunitarios.

El ministro portugués de Exteriores, Paulo Rangel, reiteró este sábado esa postura durante el Foro Ambrosetti de Cernobbio (Italia), después de que Roma prolongara otros quince días los controles sobre los viajeros procedentes de España y Madrid respondiera con una medida equivalente para las llegadas desde territorio italiano.

Las declaraciones recuperan actualidad este domingo, después de que el Gobierno español haya decidido asumir el control de una parte del puerto de Ceuta para instalar un centro temporal destinado a más de un millar de migrantes, ante la resistencia de las autoridades de la ciudad autónoma.

Portugal fue, junto con Francia, Irlanda y Luxemburgo, uno de los cuatro países de la Unión Europea que no suscribió la carta impulsada a comienzos de agosto por la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, y su homóloga danesa, Mette Frederiksen.

El documento, apoyado por los dirigentes de los otros veintidós Estados miembros, reclamaba una videoconferencia urgente de los ministros europeos del Interior (España también la había solicitado, en paralelo) y una respuesta coordinada ante la entrada de decenas de miles de migrantes —en su mayoría marroquíes— en Ceuta a finales de julio.

La carta proponía reforzar el control de las fronteras exteriores de la Unión, estudiar un mayor despliegue de Frontex (la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas) y revisar la eficacia de la cooperación europea con Marruecos.

Italia fue más lejos y restableció controles sobre las llegadas desde España, mientras que Dinamarca planteó que la UE considerase suspender la cooperación Schengen con el país.

Portugal no se sumó a la iniciativa, aunque posteriormente participó y apoyó la reunión extraordinaria de ministros europeos del Interior celebrada el 4 de agosto.

Rangel afirmó ahora en Cernobbio que la llegada masiva a Ceuta no constituyó “una amenaza inmediata” para Schengen y recordó que Portugal y Francia, por su proximidad a España, habrían sido los primeros países afectados si se hubiera producido una salida incontrolada de migrantes hacia el continente europeo.

El ministro aseguró además que Portugal siguió la evolución de la crisis “hora a hora”, recibiendo y proporcionando información, y elogió las medidas adoptadas por Marruecos para contener las salidas y aceptar el regreso de buena parte de quienes habían cruzado la frontera.

También rebajó el enfrentamiento entre España e Italia, dos países que calificó de “amigos”, y confió en que la “pequeña tensión” bilateral pueda resolverse próximamente.

Una postura mantenida desde el primer día

La posición expresada por Rangel coincide con la adoptada por Lisboa desde el inicio de la crisis.

El 31 de julio, el Gobierno portugués manifestó su “gran preocupación” por lo sucedido y lamentó las víctimas mortales, pero explicó que recibía información permanente de España y que Madrid le había garantizado que, en coordinación con Marruecos, trabajaba para revertir el flujo migratorio.

El Ejecutivo de Luís Montenegro defendió entonces un control riguroso de las fronteras exteriores y la lucha contra la inmigración irregular, pero descartó suspender Schengen. La Guarda Nacional Republicana (GNR) y la Policía Marítima portuguesas quedaron coordinadas con las autoridades españolas, mientras la Marina reforzó los patrullajes marítimos y terrestres en la costa del Algarve.

Montenegro calificó la situación de grave, pero pidió evitar la “histeria”. El primer ministro consideró que existían motivos para aumentar la vigilancia en las fronteras marítimas y terrestres del sur de Portugal, aunque no para restablecer controles sistemáticos con España.

El jefe del Gobierno argumentó que Ceuta tiene un régimen fronterizo particular y que el traslado desde la ciudad autónoma hasta la España peninsular exige controles adicionales. También advirtió contra políticas migratorias susceptibles de producir un “efecto llamada”.

Rangel defendió entonces el mismo diagnóstico. Aseguró que no existía un riesgo efectivo de que los migrantes llegados a Ceuta pasaran directamente al continente europeo y recordó que no se habían detectado desplazamientos hacia la Península ni hacia otros Estados miembros.

El ministro de Asuntos Exteriores criticó, sin embargo, la regularización de inmigrantes promovida por el Gobierno español, al considerar que podía generar un “efecto llamada” con consecuencias para otros países europeos. Al mismo tiempo, rechazó que la defensa de controles migratorios rigurosos implicase falta de humanidad.

También el presidente de la República, António José Seguro, se opuso a suspender Schengen. Seguro advirtió de que la medida tendría efectos negativos sobre la economía portuguesa, la vida cotidiana, los desplazamientos de los emigrantes y los intensos intercambios comerciales entre Portugal y España.

El jefe del Estado defendió “claridad y mano firme” contra la inmigración ilegal y las redes de tráfico de personas, pero subrayó que la seguridad de las fronteras nunca debe ser incompatible con el respeto a la dignidad humana.

Solidaridad con España y crítica a las medidas unilaterales

En la reunión extraordinaria de ministros del Interior del 4 de agosto, el titular portugués de Administración Interna, Luís Neves, manifestó la solidaridad de Portugal con España, elogió la respuesta de las autoridades españolas y la cooperación con Marruecos y sostuvo que la integridad de Schengen nunca había estado en peligro.

Neves justificó esa valoración por la situación geográfica de Ceuta y por su estatuto especial, que contempla controles específicos en los desplazamientos hacia el territorio continental europeo.

Portugal defendió en aquella reunión el retorno rápido, dentro de la legislación europea e internacional, de quienes no reunieran las condiciones legales de permanencia; una mayor cooperación con los países de origen y tránsito; la aplicación del Pacto Europeo sobre Migración y Asilo, y el desarrollo del reglamento comunitario sobre retornos.

El ministro portugués advirtió, sin embargo, de que las decisiones migratorias unilaterales de un Estado miembro pueden producir efectos en los demás y generar expectativas que contribuyan a episodios como el registrado en Ceuta.

En el ámbito político interno, el Partido Socialista presentó un voto parlamentario de solidaridad con España y de condena a las redes de tráfico de seres humanos. La ultraderechista Chega, por el contrario, reclamó la suspensión temporal de Schengen con España y el restablecimiento de los controles en la frontera terrestre.

En resumen, la posición mantenida por Lisboa combina el respaldo político y operativo a España con la exigencia de reforzar las fronteras exteriores, acelerar los retornos y evitar medidas nacionales que puedan incentivar nuevos flujos migratorios.

Un mes después, y pese a la prolongación de los controles entre Italia y España, Portugal continúa considerando que la crisis de Ceuta debe resolverse mediante la cooperación europea y no mediante restricciones adicionales a la libre circulación dentro de Schengen. EFE

mf/jgb

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