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La India reprime a sus críticos en el extranjero: ¿por qué mira Suiza hacia otro lado?

Shrey Kapoor

La India presiona a quienes la critican desde el extranjero, también en Suiza. Sin embargo, su reputación como la mayor democracia del mundo protege sus actuaciones del escrutinio, afirma Shrey Kapoor, coautor de un estudio encargado por el Gobierno suizo sobre actividades similares de China en el país alpino.

En febrero de 2025, el Consejo Federal suizoEnlace externo (Gobierno) reconoció que China vigila y presiona a las comunidades tibetana y uigur que viven en Suiza, a partir de un estudio del que fui coautor. En su análisis más amplio de la represión transnacional, el informe del GobiernoEnlace externo mencionó a países como China, Rusia, Irán, Turquía y Eritrea.

La India ocupa un lugar mucho menos destacado en este debate.

Sin embargo, en febrero de 2026, el FBI describió a la persona que iba a ser víctima de un complot de asesinato en Estados Unidos, orquestado desde la India, como objetivo precisamente de esa misma «represión transnacional»Enlace externo.

Nikhil Gupta, ciudadano indio, se declaró culpable ante un tribunal federal de Nueva York de participar en un complot para asesinar a un activista sij y ciudadano estadounidense. Según el Departamento de Justicia, Gupta actuó bajo las órdenes de Vikash Yadav, quien entonces trabajaba en la Secretaría del Gabinete de la India, donde tiene su sede el servicio de inteligencia exterior. El plan estaba en marcha mientras el primer ministro Narendra Modi era recibido en la Casa Blanca, en junio de 2023. El Gobierno indio ha negado cualquier participación.

La presión que el Gobierno ejerce sobre sus críticos en el extranjero puede adoptar formas menos dramáticas.

Human Rights Watch ha documentadoEnlace externo casos de revocación del estatus de ‘Ciudadano Indio en el Extranjero’, junto con los privilegios de visado y residencia asociados, a académicos y periodistas que critican al Gobierno. En mi propia investigación, conocí el caso de un académico del sur de Alemania a quien se le negó la entrada en el aeropuerto de Delhi porque su tesis doctoral sobre el nacionalismo hindú de Modi fue considerada antipatriótica.

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Mientras que la renegociación del acuerdo de libre comercio entre Suiza y China provocó un debate público sobre los derechos humanos, el acuerdo con la India, concluido en el marco de la AELC, fue aprobado por el ParlamentoEnlace externo sin que la deliberación fuera más allá de la sostenibilidad y la inversión. Resulta difícil desvincular el silencio sobre el trato que la India dispensa a sus críticos en el extranjero del creciente peso económico del país y de su valor estratégico para los gobiernos occidentales como contrapeso de China.

Que los abusos en China se produzcan a una escala mucho mayorEnlace externo no significa que Suiza no deba preguntarse por qué su respuesta ante los abusos difiere según se trate de Estados autoritarios o democráticos. Hasta ahora, la reputación democrática de la India ha prevalecido sobre cualquier examen de su conducta.

Aunque los complots de asesinato y la revocación de los privilegios de visado constituyen claramente formas de represión transnacional, lo que he observado en Suiza es más difícil de detectar para las autoridades. Por eso, es menos probable que dé lugar a medidas para contrarrestar la vigilancia y la intimidación de los círculos críticos.

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Represión disfrazada de pertenencia

Es la estructura del movimiento nacionalista hindú la que conecta la vida en Suiza -donde viven alrededor de 26.000 ciudadanos indios y personas de origen indio- con la movilización intercomunitaria y la violencia en la India, y la que determina quiénes, dentro de la diáspora, pueden disentir y a qué costo.

El movimiento del que surgió el partido de Modi está organizado como una red de asociaciones en torno al Rashtriya Swayamsevak Sangh (RSS),Enlace externo una organización paramilitar de personas voluntarias de derecha.

Su unidad básica es la shakha, una filial local donde los miembros se reúnen con regularidad para hacer ejercicios físicos, practicar con bastones de bambú, prestar juramento y recibir instrucción ideológica. El entrenamiento forma cuadros disciplinados, que luego son enviados a fundar nuevas filiales. El propio [Narendra] ModiEnlace externo ascendió dentro de este sistema hasta convertirse en organizador a tiempo completo, antes de ingresar en la política.

Su historial en la India está marcado por la violencia organizada contra las personas musulmanas.

En diciembre de 1992, multitudes movilizadas a través de organizaciones afiliadas al movimiento demolieron la mezquita de Ayodhya. Los disturbios que estallaron posteriormente en todo el país causaron alrededor de 2.000 muertes. En 2002, cuando Modi era ministro principal del estado de Gujarat, un pogromo causó la muerte de más de 1.000 personasEnlace externo, en su mayoría musulmanas, y obligó a unas 150.000 a abandonar sus hogares.

Para alguien ajeno al movimiento, una shakha parece un club deportivo o cultural. La organización del movimiento que opera en el extranjero, el Hindu Swayamsevak Sangh, opera shakhas fuera de la India desde 1947.

Aprender la «verdadera» cultura hindú

Durante mi investigación, observé cómo operan en Suiza a través de una asociación comunitaria dirigida por un grupo que se identifica abiertamente con la campaña a favor del templo de Ayodhya. El movimiento también organiza actividades como un fin de semana de convivencia en los Alpes, al que acudieron unas 200 personas para que los niños aprendieran la «verdadera» cultura hindú entre caminatas y sesiones de meditación.

Una familia que nunca se afiliaría a una organización nacionalista puede enviar a su hijo a un fin de semana cultural en las montañas. El movimiento también actúa a través de los templos y las asociaciones culturales que crea cualquier diáspora. La mayoría de sus miembros no son nacionalistas ni se definirían como personas con intereses políticos. Cuando el movimiento logra afianzarse en esas instituciones, aprovecha a sus miembros y el prestigio que estas le otorgan de un modo que una shakha por sí sola no podría.

Como miembro de la diáspora y sociólogo que estudia la violencia que este movimiento organiza en la India, he observado dos procesos interrelacionados. Actividades que parecen completamente inofensivas contribuyen a financiar y legitimar un movimiento cuyas organizaciones participan en actos de violencia en la India.

Contribuir al nacionalismo

El dinero de la diáspora ya se ha utilizado para impulsar sus objetivos. Tras la demolición de la mezquita de Ayodhya, indios residentes en Estados Unidos recaudaron fondos para el templo que Modi inauguró allí en 2024.

En las asociaciones suizas donde está presente el movimiento, se recaudan donaciones para organizaciones religiosas y nacionalistas de la India. Entre quienes están cerca de las redes de shakhas, la recaudación conlleva la expectativa tácita de que un miembro que parezca haber evitado donar deberá afrontar un costo social. La violencia en la India, a su vez, otorga a estas actividades un significado especial en Suiza.

Los pogromos y las demoliciones se presentan como la restauración de una civilización y como una ocasión para que la comunidad se reúna; cada encuentro vuelve a trazar los límites de quién forma parte de esa comunidad.

Las asociaciones que antes reunían a personas de todo el sur de Asia se van reduciendo a un núcleo hindú de habla hindi, que relega a las minorías regionales y religiosas a los márgenes, hasta que las organizaciones nacionalistas terminan hablando en nombre de «la comunidad india» en su conjunto. En una de estas asociaciones, una fiesta navideña infantil que se celebraba desde hacía décadas dio paso a una celebración hindú.

Los Gobiernos no clasifican nada de esto como represión transnacional.

Según su propia definición, tienen razón, pero pasan por alto los efectos de estos procesos. El modelo convencional parte de una persona disidente identificable y se pregunta qué hace un Estado extranjero para silenciarla. No se pregunta cómo un movimiento transnacional configura la comunidad dentro de la cual cada persona decide si puede disentir o no. Para cuando alguien se convierte en blanco directo, la comunidad que podría haberse opuesto a menudo ya ha sido transformada.

Implicaciones para la respuesta suiza

El propio informe del Consejo Federal afirma que las medidas de protección no deben limitarse a una sola comunidad, sino extenderse a todas las víctimas de la represión transnacional. Tomar esto al pie de la letra implicaría examinar con el mismo rigor la presión ejercida sobre la diáspora india y diseñar las medidas que se están elaborando para que se apliquen independientemente de si el Estado responsable es considerado democrático o autoritario.

Toda respuesta de este tipo se apoya en las organizaciones comunitarias como interlocutoras. En el caso de la India, los grupos que se presentan como representantes de la comunidad pueden ser precisamente aquellos a través de los cuales actúa el movimiento. Por eso, las autoridades también deberían llegar a las personas que estos procesos desplazan: las minorías regionales y religiosas, así como quienes expresan críticas. Los académicos y periodistas cuyo acceso a la India se utiliza como instrumento de presión también necesitan protección.

Estados Unidos tuvo que hacer frente al alcance de las actividades del Estado indio en el extranjero tras un asesinato cometido en territorio canadiense y vinculado por las autoridades a agentes indios. Suiza, que todavía está definiendo su respuesta, puede reconocer este patrón antes de que ocurra aquí algo comparable.

Una respuesta concebida únicamente en torno a los Estados autoritarios protegería a las personas solo frente a los gobiernos en los que Suiza ya desconfía. En cambio, una respuesta que incluya las prácticas del Estado indio extendería esa protección a todas las personas sometidas a presiones en territorio suizo, sea cual sea la reputación del Estado responsable.

Las opiniones expresadas por el autor no reflejan necesariamente las de Swissinfo. 

Artículo editado por Tony Barrett y adaptado al español por Norma Domínguez. Revisado por Carla Wolff.

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