¿Llueve cada vez más fuerte en Suiza? Sí, no es solo una impresión
En Suiza, la intensidad de las precipitaciones ha aumentado en los últimos años y se prevé un incremento adicional del 30% en episodios de corta duración. Estas son las razones.
Llueve con menos frecuencia, pero cuando llueve puede hacerlo con más fuerza. Es una de las paradojas del cambio climático y, en Suiza, no se trata de una mera sensación. Una tendencia que, según los escenarios climáticos CH2025Enlace externo, está destinada a continuar en las próximas décadas.
Las series históricas de los pluviómetros son las que revelan cómo han cambiado las lluvias en Suiza. «Desde los años ochenta, cuando entraron en funcionamiento instrumentos capaces de registrar la lluvia con una resolución temporal de diez minutos, la intensidad de las precipitaciones intensas en 10 minutos ha aumentado aproximadamente un 20%», señala el meteorólogo Luca Nisi.
Si se observa un periodo más largo, las precipitaciones diarias intensas muestran un aumento de la frecuencia de aproximadamente el 26% y de la intensidad de aproximadamente el 12% a lo largo de los últimos cien años. Detrás de esta tendencia, que incrementa nuestra vulnerabilidad ante los fenómenos extremos, está siempre el mismo factor: el calentamiento global.
Una atmósfera más cálida retiene más agua
Para entender de qué manera el cambio climático puede repercutir en la magnitud de las precipitaciones, hay que recurrir a la física de la atmósfera. «Si la temperatura aumenta un grado, el aire puede contener aproximadamente un 7% más de vapor de agua», explica el experto.
El principio es el que describe la ecuación de Clausius-Clapeyron: al aumentar la temperatura, crece la cantidad de vapor de agua procedente de los procesos de evaporación del agua presente en el suelo o en las masas de agua que puede llegar a la atmósfera.
Eso significa que, cuando se dan las condiciones necesarias para la condensación y la formación de precipitaciones, hay potencialmente más agua disponible para alimentar lluvias intensas.
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En el futuro, veranos más secos y precipitaciones más intensas
Y aquí llega la segunda paradoja, la más significativa. Los escenarios climáticos CH2025Enlace externo indican que las precipitaciones anuales totales no experimentarán cambios significativos, pero su distribución estacional sí cambiará: los veranos serán en promedio más secos, mientras que en invierno las precipitaciones aumentarán.
El aumento más marcado se prevé para las precipitaciones de corta duración, las típicamente asociadas a las tormentas. Ante la posibilidad de un aumento de tres grados de calentamiento global, según los datos citados por Nisi, las precipitaciones horarias podrían elevarse de forma orientativa entre un 10% y un 30%, y las diarias entre un 5% y un 25%.
«Se aprecia claramente cómo el aumento está vinculado sobre todo a las precipitaciones de tormenta», afirma Nisi. Y esto, especialmente al sur de los Alpes, es un elemento importante para el riesgo de inundaciones. La memoria nos lleva de inmediato a la devastadora inundación en Vallemaggia de 2024Enlace externo. Sin embargo, el experto aclara: «No significa que cada episodio alcance esa violencia, sino que los eventos intensos serán más frecuentes que en el pasado».
La región alpina y el sur de los Alpes han sido siempre zonas expuestas a precipitaciones intensas, favorecidas por la presencia de las montañas y la proximidad al Mediterráneo. El calentamiento global, sin embargo, está contribuyendo a que estos fenómenos sean aún más intensos.
Se reduce a la mitad el periodo de retorno
Un episodio de precipitación que en el periodo de referencia 1991-2020 se producía de media una vez cada 50 años, en un mundo con un calentamiento de tres grados podría ocurrir cada 25 años. Además, será más intenso: «Prevemos aproximadamente un 11% más de lluvia».
Eso significa que, si hoy un episodio extremo de este tipo dejara 200 milímetros de lluvia en 24 horas, en el escenario previsto se superarían los 220 milímetros.
Cuando la sequía prepara el terreno para la inundación
Entre precipitaciones más intensas y veranos más secos surge otra contradicción, que Nisi ayuda a resolver de inmediato: «Como hemos visto en este verano de 2026, un suelo reseco puede absorber con mayor dificultad el agua en las primeras fases de una tormenta muy intensa».
En estos casos, el agua que no logra infiltrarse rápidamente en el suelo fluye por la superficie, llega a los cursos de agua y a las zonas bajas y puede agravar las crecidas, los flujos de detritos y los deslizamientos de tierra. «La escorrentía superficial es lo que provoca muchos daños», subraya el meteorólogo.
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¿Y en invierno?
El cambio no afecta únicamente a la estación cálida. Con el aumento de las temperaturas, el límite de las nevadas seguirá subiendo y una parte creciente de las precipitaciones caerá en forma de lluvia a cotas más bajas. «Cabe suponer que, con el aumento de las precipitaciones invernales y un incremento general de las precipitaciones de gran intensidad, las inundaciones tiendan a ampliar su temporada respecto al pasado», explica Nisi.
Para el territorio, todo ello supone también un reto de adaptación. Carreteras, puentes, diques, sistemas de drenaje y otras infraestructuras se diseñan a menudo sobre la base de normativas definidas con estadísticas de datos del pasado. Pero, como advierte Nisi, «si estos volúmenes aumentan, es importante adaptar nuestras infraestructuras para evitar problemas».
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Artículo adaptado al español por Carla Wolff.
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