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¿Está Suiza preparada para adaptarse a un futuro de clima “monzónico”?

Barcos varados, atascados en el barro y cubiertos de hierba, en el lago Brenets, en el noroeste de Suiza, el 22 de agosto de 2026.
Barcos encallados en el barro y cubiertos de hierba en el lago de Les Brenets, en el noroeste de Suiza, el 22 de agosto de 2026. Peter Klaunzer / Keystone

La cantidad total de agua en la Tierra se mantiene estable, pero el cambio climático está alterando su distribución. Por esta razón, algunas regiones se enfrentan a una creciente escasez de agua, mientras que otras se ven cada vez más afectadas por inundaciones. Esta situación ha avivado las tensiones geopolíticas, algo que también afecta a Suiza.

En Suiza, abrir el grifo para llenar un vaso de agua es algo que la mayoría da por sentado. Sin embargo, para muchas personas en el mundo, este gesto tan simple no está garantizado.

Los recursos de agua dulce escasean cada vez más en muchas regiones. Según un informeEnlace externo publicado en septiembre por la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el caudal de los ríos descendió en 2025 a su nivel más bajo en más de 30 años. Cabe mencionar que estas cifras aún no reflejan el verano europeo de 2026, que ha sido excepcionalmente cálido y seco.

La cantidad total de agua en la Tierra no está disminuyendo, sino que continúa circulando entre océanos, suelos, aguas subterráneas, lagos, ríos y glaciares. Como reza la célebre frase del químico francés Antoine Lavoisier, «nada se pierde, nada se crea, todo se transforma». Un principio que se aplica especialmente bien al agua, según explicó Thibault Datry a la radio y televisión pública suiza RTS.

Un cambio en la distribución

Sin embargo, el director de investigación en ecohidrología del Instituto Nacional Francés de Investigación para la Agricultura, la Alimentación y el Medio Ambiente señala que ha cambiado el lugar donde se encuentra el agua dulce.

Según explica, «desde la creación de la Tierra, la cantidad de agua se ha mantenido igual. Lo que ha cambiado es su distribución entre las distintas reservas: aguas superficiales y subterráneas, agua dulce y agua salada». A medida que los glaciares y los casquetes polares se derriten, más agua dulce fluye hacia los océanos. De ahí la conclusión: «Ganamos agua salada y perdemos agua dulce».

Siguiendo su ciclo, el agua de los océanos se evapora de manera continua y forma nubes que, tarde o temprano, devuelven la humedad a la Tierra en forma de precipitaciones. Sin embargo, los vientos y las corrientes atmosféricas no redistribuyen esta humedad de manera uniforme por todo el planeta.

Como recoge el informe de la OMM, un ejemplo de esta situación lo vivió África en 2025, con un año excepcionalmente seco pero marcado por graves inundaciones.

Asimismo, según Datry, «la humedad no se redistribuye de forma homogénea, pero el agua dulce sí acabó volviendo en algún momento».

El agua está de vuelta en el Sahel, una región históricamente asociada a la sequía y la hambruna. Desde la década de 1990, las precipitaciones y las aguas subterráneas han aumentado, pero esta tendencia también ha provocado mayores inundaciones y nuevos desafíos para el sector agrícola.

Este fenómeno se explica, en parte, por la reactivación del monzón de África occidental. El descenso en la contaminación producida por la combustión del carbón ha impulsado el calentamiento del Atlántico Norte, lo que a su vez favorece que se adentre más humedad en la región.

Los cambios en el uso de la tierra también influyen. Al sustituir praderas por cultivos con raíces poco profundas se disminuye la evapotranspiración, por lo que permanece en el suelo una mayor cantidad de agua. Sin embargo, el terreno al descubierto forma a menudo una capa poco permeable, de manera que el agua corre con rapidez y aumenta el riesgo de inundaciones.

El Sahel debe, por tanto, adaptarse a esta nueva situación. Las precipitaciones son cada vez más intensas, pero también más irregulares, y esta inestabilidad, junto a los periodos de sequía cada vez más habituales, altera tanto las siembras como las cosechas. El retorno del agua brinda así nuevas oportunidades, pero no despeja los retos que plantea el cambio climático.

Precipitaciones cada vez más irregulares

El cambio climático está acentuando estos contrastes. «Todos los años más extremos se han registrado en las dos últimas décadas», señala Bettina Schaefli, profesora de hidrología en la Universidad de Berna y presidenta de la Comisión de Hidrología de la Academia Suiza de Ciencias.

Schaefli prevé que la tendencia se intensifique: «Sabemos que es probable que las regiones que hoy ya son secas lo sean aún más. Otras regiones, como Suiza, tal vez experimenten sólo ligeros cambios en el total de precipitaciones anuales».

El reto está en cómo se reparten esas lluvias a lo largo del año. Según Datry, «en Francia y Suiza avanzamos hacia un sistema que, exagerando un poco, se parece a un clima monzónico, con seis meses de lluvia y otros seis meses sin precipitación alguna».

Las lluvias intensas y las inundaciones no reponen necesariamente las reservas de agua. En Suiza y Francia, los acuíferos y ríos todavía tenían bastante caudal a mediados de mayo. Sin embargo, según advierte Datry, apenas unas semanas después la situación ya era excepcional.

Suiza también debe negociar

La distribución cambiante del agua está afectando a la agricultura y la industria, y se está convirtiendo cada vez más en fuente de tensiones geopolíticas. India y Pakistán mantienen discrepancias históricas respecto a la gestión de sus presas y canales. Por su parte, Etiopía y Egipto siguen enfrentados por el uso de las aguas del Nilo tras la construcción de la Gran Presa del Renacimiento Etíope, una infraestructura que Egipto percibe como una amenaza potencial para su seguridad hídrica.

Suiza no es ajena a este tipo de desafíos. De hecho, el debate sobre Italia reaparece de forma recurrente: ¿debería Suiza liberar más agua para que Italia pueda regar más la llanura Padana?

«No solíamos preocuparnos por gestionar el agua de forma coordinada. Ahora vemos conflictos nuevos que no existían antes. Hasta hace cinco o seis años, la gente daba por hecho que había agua suficiente para todo el mundo. De repente, tenemos que debatirlo», explica Schaefli.

Francia afronta preocupaciones similares. Según Datry, el caudal del Ródano podría disminuir un 25% de aquí a 2050, y son varias las centrales nucleares francesas las que dependen de este río para su refrigeración. A su juicio, «este tema se ha convertido ya en una cuestión política».

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Artículo adaptado al español por Cristina Esteban. Revisado por Carla Wolff.

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