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Más allá del virus: las raíces sociales de la epidemia de ébola

La protección del personal es de máxima prioridad.
La protección del personal es la máxima prioridad. SWI swissinfo

En las selvas tropicales y las zonas mineras del este de la República Democrática del Congo se desarrolla una de las oleadas de ébola más devastadoras de la historia. Un médico al servicio de la ONG suiza Medair explica por qué los esfuerzos para contener la epidemia han fracasado hasta ahora.

Han pasado cinco meses desde que las autoridades de la República Democrática del Congo (RDC) confirmaron oficialmente un nuevo brote de ébola. Es el decimoséptimo de la historia del país y uno de los más devastadores hasta la fecha. «Hay que hacerse una idea de la magnitud de la zona en crisis», afirma Pierre-Olivier Ngadjole, médico y asesor nutricional de la organización humanitaria suiza Medair. «La epidemia se extiende sobre una superficie mayor que Suiza».

El brote ya supera las 9.000 infecciones confirmadas y más de 4.300 fallecimientos, según informa el Instituto Nacional de Salud Pública. En las provincias orientales de Ituri, el epicentro, así como en Kivu del Norte y Haut-Uélé, el virus circula sin freno entre la población.

Siete ríos hasta el hospital más cercano

En el centro de tratamiento del ébola de Katwa, en Butembo, las cifras dibujan un panorama igualmente sombrío: «De los 252 pacientes ingresados, más de 70 han fallecido hasta ahora», informa Ngadjole. La tasa de letalidad se sitúa en torno al 48%.

Para el médico, la principal causa de la elevada mortalidad no radica en la agresividad del virus, sino en el retraso del tratamiento. Las personas afectadas simplemente llegan demasiado tarde a las clínicas.

Además, las personas enfermas reflejan la estructura social de la región: el grupo más afectado es el de 15 a 49 años, lo que se atribuye al trabajo en los campamentos mineros. Los niños y niñas de corta edad también se infectan rápidamente en el entorno familiar.

Los trayectos hasta los focos de infección suelen parecer una odisea. «El estado de las carreteras es desastroso. En la temporada de lluvias ni siquiera las motocicletas logran pasar», explica Ngadjole. Algunas personas enfermas deben viajar durante días y cruzar numerosos ríos. Ante la falta de medios de transporte, las familias recurren a remedios caseros. El resultado es una pérdida de tiempo fatal.

La sensibilización es un elemento fundamental en la lucha contra el ébola.
La sensibilización es un elemento fundamental en la lucha contra el ébola. SWI swissinfo

El efecto devastador de los mitos

A la aislamiento geográfico se sumó al principio un grave fallo de comunicación. Se difundió el rumor de que no tenía sentido acudir a atenderse, sin vacunas ni tratamiento contra la actual cepa del virus. «¿Para qué ir entonces al hospital?», pensaron muchas personas. «Ese mensaje desmovilizó profundamente a la población», explica el médico.

De hecho, para la variante Bundibugyo responsable del brote todavía no existe una terapia específica autorizada. Sin embargo, una atención intensiva temprana, por ejemplo mediante infusiones con electrolitos, aumenta drásticamente las posibilidades de supervivencia. Al mismo tiempo, el aislamiento hospitalario interrumpe las cadenas de transmisión.

A ello se suma la precaria situación de seguridad sobre el terreno. Las personas infectadas temen ataques de milicias armadas durante el trayecto al hospital. Además, algunas comunidades religiosas animan a las personas enfermas a rezar en lugar de buscar ayuda médica. Por ello, organizaciones humanitarias como Medair apuestan cada vez más por la participación de personas supervivientes para generar confianza. «Permitimos que quienes sobrevivieron cuenten su historia», afirma Ngadjole.

MedairEnlace externo es una organización internacional de ayuda de emergencia con sede en el cantón de Vaud, en Suiza. Proporciona asistencia médica y apoyo en infraestructuras en zonas de crisis. Fundada en 1989, la organización cuenta hoy con unos ingresos operativos de alrededor de 91,6 millones de dólares y emplea a más de 1500 personas en todo el mundo. En Suiza recibe apoyo financiero, entre otros, de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE). Según su informe anual de 2025, también figuran entre sus financiadores la Oficina de Ayuda Humanitaria de la Unión Europea (ECHO) y USAID. El médico congoleño Pierre-Olivier Ngadjole trabaja para Medair en el este de la RDC.

El desafío del rastreo de contactos

Sin embargo, según el destacado infectólogo parisino Xavier Lescure, la contención de la epidemia sigue fracasando por otro motivo: el rastreo de contactos. «Debemos reconstruir las cadenas de infección sin dejar lagunas», afirma el director de la misión francesa de coordinación para riesgos epidémicos y parte de las redes internacionales de investigación de la OMS. Actualmente, la cobertura del rastreo de contactos alcanza aproximadamente al 75%.

«Es un logro notable dadas las circunstancias, pero sencillamente no basta para apagar el incendio. Para ello necesitaríamos superar el 95%», declara Lescure a Swissinfo. El infectólogo parisino también considera que la situación informativa es parcialmente responsable de la situación en el Congo. Habla de una «epidemia de la posverdad»: mitos infundados y desconfianza socavan las medidas de salud pública.

La esperanza se deposita, por tanto, en los avances médicos. Según Lescure, existen dos enfoques. Por un lado, se están probando candidatos vacunales desarrollados específicamente contra la cepa Bundibugyo. Por otro, también se utiliza la vacuna rVSV existente contra la cepa Zaire. «Las primeras evidencias científicas apuntan a una posible inmunidad cruzada. Si esta vacuna demostrara siquiera una eficacia parcial y lograra prevenir las formas graves de la enfermedad, dispondríamos inmediatamente de una herramienta eficaz», afirma Lescure.

>> Para las autoridades de salubridad, obtener una vacuna es prioridad:

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Materias primas, desarraigo y el trauma de la guerra

Que la epidemia afecte sobre todo a las zonas mineras de Ituri no es una casualidad. En las minas informales trabajan cientos de miles de personas en condiciones higiénicas catastróficas. Muchas instalaciones se encuentran en lo profundo de la selva tropical, donde la gente, a falta de alternativas, se alimentan de animales salvajes («carne de monte»), principal vector de transmisión del virus. El hacinamiento en las minas y en los campamentos de desplazados internos ofrece finalmente al patógeno condiciones ideales.

A ello se suman las cicatrices mentales: el virus afecta a personas que llevan tres décadas sufriendo la guerra. «Nos encontramos con familias profundamente traumatizadas porque familiares fueron asesinados durante la huida», afirma Ngadjole en una conversación con SWI swissinfo.ch desde Bunia.

Una muerte por ébola pesa el doble en este entorno: debido al riesgo de contagio, los velatorios tradicionales están prohibidos. Las personas fallecidas deben ser enterradas de inmediato y bajo medidas de seguridad. Además, todos los enseres domésticos, ropa, colchones y basura, deben ser quemados. Para las familias, que ya carecen de recursos, esto supone la pérdida de sus últimas pertenencias, por lo que Medair también proporciona ayuda material de sustitución.

En el este de la República Democrática del Congo, muchas familias trabajan en minas para la industria tecnológica mundial, a menudo en condiciones higiénicas pésimas.
En el este de la República Democrática del Congo, muchas familias trabajan en minas para la industria tecnológica mundial, a menudo en condiciones higiénicas pésimas. Copyright 2026 The Associated Press. All Rights Reserved.

El precio de nuestro bienestar digital

Para Ngadjole, la lucha contra el ébola no debe limitarse a la ayuda médica de emergencia. «Es necesario un cambio estructural que afecte a toda la cadena de producción», subraya el médico aludiendo a las catastróficas condiciones higiénicas en las zonas mineras.

Por lo tanto, el brote también es un reflejo de nuestro consumo global, recuerda Xavier Lescure: «Los minerales extraídos en el Congo están presentes en nuestros teléfonos inteligentes, ordenadores y numerosos otros dispositivos de uso cotidiano. Detrás de ello se esconden graves consecuencias: la explotación intensiva de los recursos naturales, la destrucción de ecosistemas, las tensiones geopolíticas y el sufrimiento de la población local».

Las epidemias nunca son fenómenos exclusivamente naturales, sino también la expresión de decisiones económicas y sociales, afirma Lescure. «Nuestros hábitos de consumo tienen consecuencias globales».

>> Una mirada en profundidad a la extracción de materias primas en la República Democrática del Congo:

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Suiza en la lucha contra el ébola en la República Democrática del Congo

Suiza ha aumentado su apoyo a la lucha contra el ébola en la República Democrática del Congo (RDC) en 2026 hasta un total de 4,6 millones de francos. Los fondos se destinan especialmente a la OMS, a la coordinación de equipos médicos de emergencia, a la ampliación de las capacidades de laboratorio y a la vigilancia epidemiológica.

Suiza también trabaja estrechamente con las autoridades sanitarias congoleñas y con organizaciones asociadas internacionales.

El Gobierno helvético apoya proyectos de organizaciones humanitarias, entre ellas Medair, en las provincias especialmente afectadas de Ituri y Kivu del Norte.

Instituciones suizas participan además, junto con las congoleñas, en la vigilancia genómica del virus.

La empresa farmacéutica Roche, con sede en Basilea, proporciona equipamiento de laboratorio y prueba, junto con el Instituto Nacional de Salud Pública del Congo (INSP), procedimientos para detectar el virus del ébola Bundibugyo.

Las donaciones procedentes de Suiza también se destinan a la lucha contra el ébola: la organización Cadena de la Solidaridad puso a disposición en mayo de 2026 un total de 1,2 millones de francos de su fondo de ayuda de emergencia.

Editado por Marc Leutenegger

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