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«Humillante»: La odisea de los africanos para conseguir visados para EE.UU. y Europa

Lucía Blanco Gracia

Nairobi, 23 ago (EFE).- Desde Zimbabue hasta Uganda, pasando por Ghana y Somalia, viajar al norte global es una complicada odisea: los países de África tienen las tasas de rechazo de visados más altas y se enfrentan a costosos procesos, lo que cierra las puertas a gente de negocios, académicos, artistas y cualquier profesional, bajo la sospecha de que abusarán del plazo de sus documentos.

Durante el reciente Mundial de fútbol en EE.UU., México y Canadá los nombres de Omar Abdulkadir Artan, el árbitro somalí vetado por Washington, o Josimar Dias ‘Vozinha’, el portero de Cabo Verde cuya madre solo pudo viajar a verlo tras una exención de tasas, así como las dificultades de miles de aficionados africanos para conseguir visados, hicieron saltar a los titulares un problema que no es nuevo.

África encabeza desde hace años las listas de rechazo de visados de corta duración (de negocios, turismo o estudios breves) tanto para EE.UU. como el espacio Schengen (que incluye a 29 países europeos).

¿El motivo? Según las experiencias de al menos cuatro africanos de Ghana, Zimbabue, Uganda y Kenia y dos expertas con quien habló EFE, hay una asunción generalizada de que, «cuando un africano viaja fuera del continente, siempre quiere quedarse allí».

A esto, se suma una compleja arquitectura burocrática, con requisitos inimaginables para un occidental, reducción de oficinas consulares en África y subcontratación de empresas para éstos, algo que ha empeorado bajo la Administración de Donald Trump.

Los datos

Según datos del Departamento de Estado estadounidense recogidos por el servicio Opaige, 19 países africanos tienen una tasa de rechazo de visados de visitante por encima del 60 % (más de la mitad de solicitudes no prosperan).

En 2025, encabezaron la lista Somalia (83,5 %), Sudán del Sur (76,1 %) y Gambia (75,3 %) y, de los diez primeros, nueve eran africanos.

La imagen es parecida en Schengen y el Reino Unido.

Según análisis del LAGO Collective -con sede en Londres y dedicado a la investigación y la creación- de los datos de la Comisión Europea (que registra el país de solicitud, no de origen de la persona), países africanos tienen algunas de las tasas de rechazo más altas, como Nigeria (casi el 58 %), Burundi (53,4 %) o Senegal (casi 52 %).

«Descubrimos inmediatamente una relación con la pobreza: básicamente, cuanto más pobre es el país de origen de la solicitud, mayores son las probabilidades de que se rechace el visado», explica a EFE Marta Foresti, fundadora del LAGO Collective.

Sus conclusiones revelan también la cara oculta de estos rechazos: las tasas no reembolsables que pagan los solicitantes y que en Schengen ascienden a al menos 90 euros y en EE.UU. a 185 dólares (unos 160 euros).

«Las solicitudes rechazadas son como una especie de remesa a la inversa: es dinero que fluye de los países pobres a los países ricos», señala Foresti.

Según sus cálculos, en 2025, estas tasas en Schengen ascendieron a más de 157 millones de euros, incluyendo más de 63 millones pagados por africanos y 77 millones por asiáticos.

Pero los gastos no acaban aquí: deben sumarse los vuelos, alojamiento y seguro médico perdidos en el país que quería visitarse, así como vuelos y alojamiento para desplazarse al país donde se encuentra la oficina consular (muchos gobiernos no cuentan con embajadas en todos los países africanos).

«Humillante»

Los argumentos de las embajadas son diversos pero suelen reducirse a uno: «No creemos que vayas a volver a tu país cuando venza el visado», según relatan los entrevistados por EFE.

Pero esta razón plantea dudas por el perfil de personas que quieren -y pueden siquiera pensar en- hacer este tipo de viajes, que «tienen motivos para pensar que obtendrán» el visado, dice a EFE la experta del sudafricano Instituto de Estudios de Seguridad (ISS) Aimée-Noël Mbiyozo. .

«Siendo la profesional que soy, ¿por qué iba a arriesgar mi vida para pasar a ser una inmigrante ilegal en Reino Unido?», se pregunta frustrada Mafaro Kasipo, experta en derecho y crimen transnacional zimbabuense, que estuvo a punto de no poder cursar un máster de 40.300 euros (pagado por ella misma sin becas) por múltiples rechazos.

«Si alguien con dos másteres, un doctorado y que trabaja en la ONU, no consigue una oportunidad: ¿qué necesitas exactamente?», señala Kasipo, de 40 años.

La académica ugandesa Lydia Namatende, del Centro Africano de Investigación sobre Población y Salud (APHRC) de Nairobi, con amplia experiencia internacional, relata también las dificultades que ella y su familia han enfrentado en embajadas y aeropuertos.

«No solo es una pérdida de tiempo y dinero, también es humillante. Te quita la dignidad», señala la académica de 48 años, tras tener que pagar un depósito de 10.000 dólares el pasado año para asistir a una conferencia en EE.UU.

Además de la pérdida de intercambios culturales y comerciales – y de la simple capacidad de viajar-, esto implica que, a menudo, África no esté presente cuando se habla y decide sobre ella.

Un ejemplo fue la 24ª Conferencia Internacional sobre el SIDA de 2022 en Canadá, donde el rechazo de visados de delegados de África subsahariana -que concentra más de la mitad de las personas infectadas del mundo- y otras regiones desató protestas.

El sistema «está pensado así, no es un fallo», considera Mbiyozo, del ISS, y concluye que «viajar es algo reservado a unos pocos». EFE

lbg/pmc/av

(Recursos de archivo en EFEServicios: 55020607322, 55021112400, y otros)

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