Cómo el 11S convirtió las teorías de la conspiración en un fenómeno pop
Jorge Ocaña
Madrid, 11 sep (EFE).- Las teorías de la conspiración sobre los atentados del 11 de septiembre que surgieron en un incipiente internet, y que, 25 años después siguen convenciendo a un importante número de gente, convirtieron la conspiranoia en un fenómeno pop que explica, en gran parte, el auge que viven actualmente este tipo de narrativas.
Mientras millones de personas veían atónitos en televisión las espesas columnas de humo que emanaban de las Torres Gemelas, otros tantos millones buscaban respuesta a las incógnitas que abrían lo que estaba sucediendo.
Según el Centro de Investigaciones Pew, uno de los más prestigiosos de Estados Unidos, más de 53 millones de estadounidenses se informaron sobre los atentados a través de internet durante las tres primeras semanas, siendo el evento con mayor impacto en la red hasta la fecha.
En esa nueva web 2.0 que se abría paso en internet, las teorías de la conspiración trataban de dar respuesta a los vacíos informativos.
La segunda edad de oro de la conspiranoia
Raúl Rodríguez Ferrándiz, catedrático de Semiótica de los Medios en la Universidad española de Alicante, señala en una entrevista con EFE Verifica que el 11S supuso un punto de inflexión en la historia de las teorías de la conspiración y el inicio de una segunda edad dorada.
La primera, apunta, engloba aquellas teorías sobre el asesinato de Kennedy o las que cuestionan la llegada del hombre a la luna que, pese a su popularidad, no tuvieron el impulso de internet.
“A partir del 11S empezaron las teorías de la conspiración de otra naturaleza, lo cual coincide con la irrupción de las redes sociales, que tuvieron una gran influencia en el auge de estas narrativas y el hecho de que cambiaron radicalmente de estructura y de naturaleza», asevera Rodríguez Ferrándiz, también autor de ‘Desinformación y Poder’.
“Se puede debatir si internet ha impulsado la creencia en teorías conspirativas, pero está fuera de toda duda que ha aumentado considerablemente su elaboración y difusión”, argumenta, por su parte, Alejandro Romero, profesor de Sociología de la Universidad de Granada.
Cuando ocurrieron los ataques, no había ni Facebook ni Twitter, pero sí existían los foros. En esos entornos digitales empezaron a surgir hipótesis alternativas, como que el 11S fue un atentado de falsa bandera perpetrado por Estados Unidos, un extremo que aún persiste en la opinión pública.
Según una encuesta de YouGov de 2023, uno de cada cinco estadounidenses creía que la Administración americana estaba detrás de los atentados.
Más conspiranoia
El éxito y el aumento de la conspiranoia actualmente no se puede explicar sin aquellas teorías que surgieron alrededor del 11S.
“La conspiranoia se ha convertido en un género pop, no en algo marginal de gente lunática o excéntrica”, alude Rodríguez Ferrándiz.
En este cuarto de siglo ha crecido el número de personas potenciales a creer una teoría de la conspiración, así como el número de eventos extraordinarios que se explican con estas narrativas, señala.
La pandemia (con las falsedades sobre que fue un evento orquestado), la dana de Valencia (cuando se afirmó que fue consecuencia de una herramienta de geoingeniería) o los flujos migratorios (que los conspiranoicos achacan a un plan secreto para reemplazar a la población europea) son ejemplos de ello.
Asimismo, las hipótesis sobre la participación del Gobierno de Bush en el 11S introdujo el elemento del “deep state” (Estado profundo) que azuzan tanto las teorías de la conspiración como el movimiento MAGA.
«Cuando alguien cree realmente que un gobierno puede asesinar de forma tan terrible a su propios ciudadanos para justificar intervenciones militares posteriores, puede encontrar verosímiles muchas otras fechorías presuntamente cometidas por ese gobierno, o por los titiriteros en la sombra que supuestamente lo controlan», explica Romero.
Un chivo expiatorio al que se recurrió en episodios como el ‘Pizzagate’, una teoría que vincula a los demócratas con una presunta trama de prostitución infantil, o en el atentado de las Ramblas, en Barcelona, con la tesis de que el Estado conocía los planes del grupo terrorista, sin fundamento alguno.
Las conspiranoias tienen un éxito apabullante en la esfera digital (y, en consecuencia, en la pública), distorsionando peligrosamente cómo parte de la sociedad concibe el mundo. EFE
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