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La democracia israelí, ante una inédita encrucijada en el año entrante

Jerusalén, xx dic (EFE).- El nuevo gobierno israelí, encabezado por Benjamín Netanyahu e integrado también por partidos ultraortodoxos y ultraderechistas, presenta un desafío para la democracia del Estado judío y amenaza con romper el equilibrio de poderes en favor del Ejecutivo y en detrimento de las minorías.

El año entrante comenzará en Israel en paralelo con un nuevo gobierno, que si bien estará liderado por el primer ministro más longevo de la historia del país, incluirá algunas caras nuevas que ya dan que hablar.

Se trata de tres partidos de ultraderecha -Poder Judío, Sionismo Religioso y Noam- cuyos miembros han adelantado que utilizarán su poder para avanzar una serie de leyes y reformas que han hecho sonar las alarmas tanto en el Parlamento como en la Justicia y buena parte de la sociedad civil.

«Estoy preocupado e inquieto por saber cuál va a ser la agenda de este gobierno y espero que los cambios que incluya no sean radicales y, sobre todo, que haya apertura para debatirlos y modificar ideas dañinas o problemáticas», señala Yohanán Plesner, presidente del Instituto para la Democracia Israelí (IDI).

Si bien el analista insta a no sacar conclusiones apresuradas antes incluso de que comience a trabajar el nuevo ejecutivo, advierte que algunas de las ideas presentadas durante la campaña y durante las negociaciones para conformar gobierno por políticos que integrarán la coalición «pueden llevar a una erosión de la democracia israelí».

Estas ideas incluyen algunas iniciativas que ya se han convertido en proyectos de ley -algunas incluso cerca de ser aprobadas- y otras que aún se mantienen en el plano de la retórica.

Entre las primeras se destacan dos leyes que permitirían una importante expansión de los poderes de dos ministros ultraderechistas y una tercera que autorizaría la designación como ministro de Interior y Sanidad de Aryeh Deri, líder del ultraortodoxo Shas, inhabilitado para ejercer como ministro tras ser condenado por fraude fiscal.

Por otro lado, miembros del nuevo gobierno han adelantado su intención de aprobar la denominada «cláusula de anulación», que permitiría que la Knéset (Parlamento) apruebe leyes que contradigan las Leyes Básicas del país -la norma fundamental a falta de una Constitución- y eliminaría la capacidad del Tribunal Supremo de anularlas.

Según Plesner, esta iniciativa resulta «muy preocupante ya que debilitaría el rol del Supremo como supervisor judicial de la actividad del Parlamento».

A estas propuestas se suman además otras como la anulación de algunos de los cargos de los que está acusado Netanyahu en el juicio por corrupción en su contra y hasta una reforma que permitiría que médicos se nieguen a atender a personas del colectivo LGTBI.

«Hay un desafío inmediato para la democracia israelí de cara a 2023 y este radica en direccionar la voluntad de cambio del nuevo gobierno hacia reformas constructivas basadas en un consenso amplio», resume Plesner, que destaca que la israelí es una «democracia frágil» y alerta sobre los peligros de otorgar «poder desproporcionado a la mayoría política a expensas de los otros centros de poder» como la Justicia. EFE

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