La UE busca un presupuesto a contrarreloj entre incertidumbre económica y política
Bruselas, 31 oct (EFE).- La Unión Europea parece haber llegado a un callejón sin salida en sus negociaciones presupuestarias, pero sus líderes todavía aspiran a alcanzar un acuerdo este año azuzados por la incertidumbre económica y las numerosas citas electorales de los próximos meses.
Estas dos realidades ejercen presión en las conversaciones para sacar adelante el Marco Financiero Plurianual (MFP), un presupuesto de 1,76 billones según propone la Comisión Europea (alrededor de un 1,15 % de la renta de la UE) que guiará el gasto del bloque entre 2028 y 2034.
En el plano político, las citas con las urnas en España, Francia, Polonia o Italia «complican llegar a un acuerdo» este año, pero «también aumentan el riesgo de no acuerdo en diciembre de 2027», advierte Eulàlia Rubio, investigadora senior sobre asuntos económicos europeos del Instituto Delors.
En Bruselas se tienen en mente las presidenciales francesas, sobre todo porque la ultraderechista Marine Le Pen, favorita en las encuestas, pretende recortar radicalmente la contribución de su país al presupuesto de la UE si asume la presidencia.
«Es importante terminar antes de fin de año porque en el próximo, se avecinan especialmente las elecciones francesas», apunta el analista senior de European Policy Centre (EPC) Philipp Lausberg, antes de advertir de que Le Pen sería «una negociadora mucho más dura» que «descarrilaría todo».
El calendario galo urge a encontrar una salida, especialmente después de que el presidente francés, Emmanuel Macron, haya avisado de que no tendrá legitimidad política para dar luz verde al presupuesto europeo a dos o tres meses de los comicios.
Además, España celebra elecciones generales y otros socios como Italia, Polonia o Finlandia también acuden a las urnas, en muchos casos con partidos de extrema derecha y antieuropeos en auge.
Alemania es el único de los cuatro grandes sin cita electoral en 2027, pero tanto Rubio como Lausberg coinciden en apuntar la «debilidad» del gobierno de Friedrich Merz, lo que limita la capacidad que históricamente ha tenido el llamado eje franco-alemán para desbloquear pactos imposibles en el bloque.
Al calendario electoral se suma una situación económica complicada, marcada por la incertidumbre geopolítica, el aumento de los costes de la energía y la inflación, y la falta de margen presupuestario en muchos países tras unos años de subida de los niveles de déficit y deuda por la pandemia y la guerra en Ucrania.
En los últimos meses además se ha producido un aumento de los rendimientos de los bonos soberanos a nivel mundial que encarece la financiación y ha llevado los diferenciales de riesgo a niveles inéditos desde la crisis del euro en el caso de Francia, el país europeo más afectado.
Esta situación «complica más las cosas porque hace difícil para los dos lados hacer concesiones», apunta Rubio en referencia a los dos grandes grupos de países en los que se articula la negociación: los frugales – Alemania, Austria y los nórdicos- que piden recortes drásticos de las cuentas y los ‘amigos de la cohesión’, una veintena de Estados, incluida España, que reclaman más ambición.
En el caso de los frugales, explica la analista, «porque cuanto menos bien estén las economías, más difícil es aceptar aumentos de la contribución nacional» y, en el de países como Francia, porque dificulta aceptar reducciones en los fondos europeos, por ejemplo para agricultura.
Lausberg, sin embargo, cree que la situación podría favorecer al argumento de los frugales de que «en tiempos difíciles, cuando todo el mundo tiene que hacer recortes, la UE también tiene que hacerlos».
En lo que coinciden los expertos es que el contexto añade presión para que los Veintisiete acuerden nuevas fuentes propias de ingresos para el presupuesto comunitario que eviten aumentos de las contribuciones nacionales, aunque reconocen que seguirá siendo difícil.
Esta vía de financiación es la gran apuesta para lograr la cuadratura del círculo a ojos de Francia, pero también de la Comisión Europea y del presidente del Consejo Europeo, António Costa, que trabajará en nuevas propuestas de cara a las próximas cumbres de líderes, la primera en noviembre.
«En una situación en la que hay presión para llegar a un acuerdo puedo imaginarme que haya avances ahí, aunque no esperaría que sean demasiado grandes, (…) también con el argumento de que los presupuestos nacionales ya están limitados. Pero hay mucha oposición de los países del centro y este de Europa que dicen que esto pone una carga desproporcionada sobre su población», afirma Lausberg.
La Comisión propuso impuestos sobre el tabaco, los residuos electrónicos y las grandes empresas, así como usar parte de los ingresos del sistema de comercio de emisiones de CO2 (ETS) y del arancel climático del bloque (CBAM) para nutrir las cuentas, pero está lejos de contar con el apoyo de los socios.
Países como República Checa o Polonia critican que los recursos basados en el ETS y el CBAM les perjudican desproporcionadamente por los esfuerzos de descarbonización que deban acometer, mientras que la tasa a las empresas es rechazada de plano por varios países, incluida Alemania. EFE
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