Las elecciones de mitad de mandato, un nuevo parque nacional y las hamburguesas políticas
Les damos la bienvenida a nuestro repaso de prensa sobre la actualidad de Estados Unidos. Cada semana analizamos cómo los medios de comunicación suizos han informado sobre tres grandes temas relacionados con ese país y qué reacciones han suscitado: la política, las finanzas y la ciencia.
Cada vez que visito Estados Unidos, espero con ilusión la oportunidad de comer en restaurantes de carretera y hamburgueserías. En Suiza resulta difícil encontrar una hamburguesa sabrosa, generosa y de esas que se comen con las manos y sin preocuparse por mancharse; y, cuando se consigue, su precio puede superar fácilmente los 30 francos suizos (35 dólares). Pero ¿se ha acabado la época de las hamburguesas relativamente baratas en Estados Unidos? La oferta de carne de vacuno es escasa, mientras que la demanda sigue siendo tan elevada como siempre. Como consecuencia, los precios están aumentando, una situación que podría tener repercusiones políticas.
De cara a las elecciones de mitad de mandato de la próxima semana, la democracia estadounidense está experimentando un retroceso histórico bajo la presidencia de Donald Trump, según el diario Tribune de Genève.
¿Cómo evoluciona la democracia estadounidense en vísperas de las elecciones de mitad de mandato, previstas para el 3 de noviembre? «Muy mal», escribía el martes Tribune de Genève, citando a varios institutos de investigación independientes. «Según el principal informe sobre democracia del proyecto V-Dem, Estados Unidos ha registrado este año el mayor retroceso de su historia. Su puntuación ha descendido hasta los niveles de 1965, cuando Martin Luther King Jr. encabezaba marchas por las calles y acababan de establecerse los derechos electorales de las minorías».
Uno de los principales problemas es la falta de mecanismos eficaces de control del poder ejecutivo por parte del Congreso y del poder judicial. «Durante el segundo mandato de Donald Trump, el poder se ha concentrado en manos del presidente, que gobierna cada vez más mediante decretos ejecutivos», señalaba el diario ginebrino. «El Congreso, dominado por el Partido Republicano, apenas ofrece resistencia. En gran medida, ha cedido al Gobierno sus competencias de supervisión y control presupuestario. El Tribunal Supremo también suele fallar a favor del presidente».
Más allá del debilitamiento de los mecanismos de control y equilibrio entre los poderes del Estado, Tribune de Genève señalaba que Trump estaba agravando la deriva hacia la autocracia mediante numerosas medidas, como los ataques al Estado de derecho, la depuración de la Administración y las restricciones a la libertad de expresión, incluida la represión de las protestas.
«Como consecuencia, cada vez más personas estadounidenses consideran que su sistema democrático ha dejado de ser un modelo válido para otros países», señalaba el periódico. «Según las encuestas del Pew Research Center, el 69 % de la población está descontenta con el funcionamiento de la democracia en su país. Muchas personas han perdido la confianza en sus representantes políticos».
Según Tribune de Genève, la frustración ante la situación de la democracia y sus instituciones está impulsando actualmente la movilización ciudadana. «Las previsiones apuntan a una elevada participación electoral el 3 de noviembre, lo que podría beneficiar especialmente al Partido Demócrata. Cerca de una de cada dos personas estadounidenses considera explícitamente que su voto es una forma de expresar su rechazo a Trump».
El periódico concluía que, tradicionalmente, las elecciones de mitad de mandato funcionan como un referéndum sobre la presidencia en ejercicio. Sin embargo, especialistas en ciencias políticas consideran que los próximos comicios podrían marcar un punto de inflexión decisivo para el futuro de la democracia estadounidense. «Estas elecciones mostrarán si las fuerzas políticas moderadas están recuperando influencia o si continúa el desmantelamiento de las estructuras democráticas, hasta el punto de que resulte imposible detenerlo».
«A las personas estadounidenses apenas les alcanza ya para comprar hamburguesas» era el preocupante titular del diario Neue Zürcher Zeitung (NZZ), que recorrió Wyoming para explicar por qué las hamburguesas se han convertido en una cuestión política.
«Incluso en un día nublado como este, en Torrington, una pequeña localidad de 6.000 habitantes, vuelven a alcanzarse precios cercanos a máximos históricos», escribía el NZZ desde una subasta de ganado. «Los terneros de poco peso, de hasta 300 kilos, son especialmente codiciados. Un novillo joven de raza Angus de gran calidad, castrado a mano y con la vacunación completa, puede alcanzar los 2.500 dólares (2.050 francos suizos). Pero, en general, se vende prácticamente todo».
Las razones de los elevados precios están claras: las existencias de ganado vacuno se encuentran en mínimos históricos. La sequía, en particular, ha tenido graves consecuencias, explicaba el NZZ, que señalaba que los rebaños estadounidenses no eran tan reducidos desde hacía casi 80 años.
«Sin embargo, la escasez de ganado no solo está encareciendo los precios, sino que también afecta a un elemento fundamental de la vida cotidiana de la población estadounidense. El país necesita carne. Comida rápida. Al fin y al cabo, la hamburguesa es prácticamente un alimento básico en Estados Unidos. Es la encarnación gastronómica del sueño americano: mientras que en la Europa del siglo XIX la carne era un privilegio de las clases acomodadas, en Estados Unidos la ganadería experimentaba un gran auge. Por unos pocos centavos, una hamburguesa pronto se convirtió en una comida capaz de saciar el hambre de cualquier persona trabajadora. Sin embargo, hoy en día ya no está al alcance de todo el mundo con la misma facilidad».
Como consecuencia, las hamburguesas se han convertido en una cuestión política. De cara a las elecciones de mitad de mandato del 3 de noviembre, la asequibilidad de los bienes y servicios es el tema dominante. «La mayor parte del debate gira en torno al precio de la gasolina, que preocupa al electorado. Sin embargo, al menos una parte del Partido Republicano está dispuesta a disculpar al presidente en este asunto: si la guerra en Irán está repercutiendo en el precio del combustible, al fin y al cabo, se trata de una guerra dirigida contra un régimen tiránico que, a juicio de estas personas, también amenaza a Estados Unidos, el “Gran Satán”. Pero, cuando se trata de la Big Mac, ahí se acaba su comprensión».
Donald Trump es consciente de ello, explicaba el NZZ. Por eso ha flexibilizado la normativa sobre las importaciones de carne de vacuno mediante la firma de una orden ejecutiva que suspende temporalmente los aranceles aplicables a determinadas cantidades de recortes magros de carne de vacuno, utilizados para elaborar carne picada. En otras palabras, se pretende reducir los precios mediante la importación de carne magra barata procedente, por ejemplo, de Brasil.
La medida, que Trump decidió adoptar en agosto, tiene una vigencia de 90 días. «Es decir, prácticamente hasta que hayan concluido las elecciones de mitad de mandato. La estrategia es evidente. Otra cuestión es si dará resultado».
Estados Unidos cuenta con un nuevo parque nacional: ¿por qué no se alegran las organizaciones conservacionistas?
La semana pasada, el parque de Chiricahua, situado en el sureste de Arizona, se convirtió en el 64.º espacio protegido de Estados Unidos en recibir la categoría de parque nacional. Sin embargo, como informó el jueves el diario Le Temps, el anuncio ha suscitado principalmente críticas por parte de las organizaciones ecologistas, que lo consideran una operación de relaciones públicas alejada de la realidad sobre el terreno.
«Esta nueva categoría permitirá dar a conocer una de las joyas de Arizona, recibir a más visitantes e impulsar la economía local», declaró el secretario del Interior, Doug Burgum. «Es una victoria para todas las personas que han hecho campaña para proteger este lugar, con el fin de que nuestras hijas e hijos, así como las generaciones futuras, puedan disfrutar de él», afirmó el senador demócrata por Arizona Mark Kelly, en una inusual muestra de apoyo bipartidista.
Estados Unidos cuenta ahora con un 64.º parque nacional, «pero las organizaciones conservacionistas siguen teniendo el champán en la nevera», escribía Le Temps. Según explicaba el diario, hay dos motivos para ello.
En primer lugar, en realidad no ha cambiado prácticamente nada. «Con una superficie de 49 kilómetros cuadrados, el parque nacional de Chiricahua es el cuarto más pequeño del país. Su designación como parque nacional no ha ido acompañada de una ampliación de su superficie; el nivel de protección de la naturaleza que ya existía se mantiene sin cambios y tampoco se han asignado fondos adicionales para su gestión, a pesar de la previsible llegada de más turistas. Por tanto, no supone un avance significativo en materia medioambiental».
En segundo lugar, las políticas de la era Trump siguen vigentes. Christina Hazard, directora jurídica de la National Parks Conservation Association, una organización independiente dedicada a proteger los parques nacionales, afirmó que, para garantizar el mantenimiento adecuado de estos espacios, «es necesario restablecer los niveles de personal y la financiación del Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos (NPS)».
Le Temps señaló que, desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, miles de personas empleadas por el NPS han perdido su trabajo y que, en todo el país, las infraestructuras se están deteriorando, mientras que la Administración da prioridad a proyectos como la controvertida remodelación de un campo de golf público en Washington D. C. o, también en la capital, el fallido proyecto relacionado con la Reflecting Pool, la piscina reflectante del Monumento a Lincoln.
«Los parques nacionales de Arizona están al borde del colapso, pero, en lugar de destinar los escasos recursos disponibles a garantizar la seguridad de las personas visitantes y atender otras necesidades de los parques, el secretario Burgum está supervisando la remodelación de los proyectos del presidente en Washington», denunció la Asociación Nacional de Guardaparques de Estados Unidos.
«Es inadmisible que presuma de la creación de un nuevo parque nacional mientras se niega a cuidar los espacios cuya gestión ha estado bajo la responsabilidad de su departamento durante más de un siglo».
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Traducido por José Kress
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