Las Fuerzas de Siria Democrática: de azote del EI a ser abandonadas por Trump y disolverse
Andrea Ruiz
El Cairo, 26 ago (EFE).- Las Fuerzas de Siria Democrática (FSD), una alianza armada multiétnica liderada por milicias kurdas y respaldada por Estados Unidos, anunciaron en la noche del martes su disolución para integrarse en las estructuras del Estado Sirio, tras más de una década como un actor clave en el conflicto civil del país árabe y en el contexto general de la convulsa situación de Oriente Medio.
Pero, ¿quiénes fueron estas fuerzas y qué importancia tuvieron en el conflicto sirio?
El nacimiento del grupo
La historia de las FSD comenzó en octubre de 2015, en el momento más oscuro de la guerra siria y en pleno auge de la expansión del grupo terrorista Estado Islámico (EI), que impuso su califato en territorio sirio e iraquí poblado ampliamente por kurdos.
En ese contexto, diversas milicias locales, enfrentadas a su vez con el gobierno de Damasco encabezado por Bachar al Asad, decidieron unificar sus fuerzas bajo una misma bandera.
Bajo el mando del general Mazlum Abdi y con el respaldo militar y financiero de Estados Unidos, la coalición agrupó a combatientes kurdos, árabes, asirios, siríacos y turcomanos.
Su columna vertebral la constituyeron desde el inicio las Unidades de Protección del Pueblo (YPG) y su rama femenina, las YPJ, veteranas milicias kurdas vinculadas históricamente al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) -organización kurda fundada en 1978 con el objetivo de lograr su independencia de Turquía-.
El azote del califato
Convertidas en el principal socio terrestre de la coalición internacional contra el EI, las FSD comenzaron un lento pero implacable avance para arrebatarle territorio al yihadismo.
Así, tras tomar la estratégica presa de Tishrin (en Alepo) en 2015, la alianza asestó su primer gran golpe al EI en octubre de 2017 al expulsar a los extremistas de Al Raqa, ciudad que había servido como capital de facto del califato en Siria.
Su campaña militar culminó en marzo de 2019 en la localidad de Al Baguz, a orillas del río Eufrates.
Allí, tras cercar el último reducto yihadista, las FSD aceptaron la rendición de miles de combatientes, liberaron a mujeres yazidíes secuestradas y certificaron la derrota territorial definitiva del EI en el país.
Un gobierno propio en Rojava
A medida que expulsaban al EI, las FSD pasaron a controlar casi el 30 % de Siria, abarcando los fértiles campos del noroeste y los principales yacimientos petrolíferos de Deir al Zur (este).
En todo ese territorio, conocido por los kurdos como Rojava, crearon su propia administración civil autónoma, al margen del Gobierno central de Damasco.
Su ideario se basaba, al menos en sus declaraciones políticas, en el confederalismo democrático para Siria, la sostenibilidad ecológica y la equidad de género, otorgando a las mujeres un papel más prominente tanto en las instituciones como en el frente de batalla.
La hostilidad de Turquía
Esa consolidación territorial desató la alarma en la vecina Turquía, que consideraba a las FSD como una mera prolongación de la insurgencia separatista del PKK -al que el país califica de organización terrorista-.
Así, para evitar que las milicias kurdas consolidasen un control fronterizo, el Ejército turco y sus facciones sirias aliadas -entre otras las que en 2024 lograron derrocar al gobierno de Al Asad- lanzaron sucesivas intervenciones militares dirigidas contra las FSD, como ‘Escudo del Éufrates’ en 2016, ‘Rama de Olivo’ en 2018 y ‘Manantial de Paz’ en 2019.
La guerra siria derivó así en un enfrentamiento entre las fuerzas islamistas apoyadas por Turquía, el gobierno de Damasco y las FSD respaldadas por EE. UU., todos en contra de todos.
Rivalidad y pacto en Damasco
La sacudida geopolítica provocada por la caída de Asad, abrió un nuevo escenario de conflicto.
El poder en Damasco pasó a manos de facciones insurgentes de corte islamista, encabezadas por Ahmed Al Sharaa, hostiles al modelo secular y autónomo de los kurdos y bajo presión turca, su mayor aliado, para neutralizar el poder militar del grupo.
Esta enemistad derivó en meses de intensos enfrentamientos armados en el norte y el este del país, en el contexto también de los avances en la disolución del PKK en Turquía que fueron complicando la posición militar de los kurdos en Siria.
La llegada de Donald Trump al poder en EE. UU. complicó aún más su situación, después de que Washington indicara su intención de retirar su apoyo militar y presionara para que aceptaran su disolución e integración en el nuevo Estado sirio para evitar una guerra total.
Aisladas militarmente, las FSD terminaron por negociar su encaje en el nuevo escenario nacional sirio, con algún episodio de violencia que no descarriló el proceso. EFE
arb/amr/ah