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Las mujeres empleadas en entornos mayoritariamente masculinos temen reconocer sus errores

Redacción ciencia, 8 oct (EFE).- Aunque todos nos equivocamos, no todos nos sentimos igual. Las mujeres perciben sus errores de forma más negativa que los hombres -especialmente si trabajan en entornos o sectores masculinizados-, tienden más a pensar que serán castigadas por ellos, y no los ven como oportunidades de aprendizaje.

Esta es la principal conclusión de un estudio que ha analizado si el género y la proporción de hombres en el entorno laboral afectan (y cómo) a la percepción de los errores en el trabajo.

Los resultados de la investigación, realizada por la London School of Economics, se han publicado este jueves en la revista Frontiers in Organizational Psychology.

«En teoría, un error conlleva las mismas consecuencias independientemente de quién lo cometa, y eso es precisamente lo que hemos comprobado. Pero las normas formales no son cultura», advierte la autora principal, Grace Lordan.

Así, «en equipos donde tres cuartas partes o más son hombres, las mujeres nos comentaron que se sienten menos cómodas admitiendo un error y menos seguras de que les sirva de aprendizaje. Mientras que en los lugares en los que las mujeres son mayoría, esa brecha desaparece», detalla la investigadora.

Admitir los errores

Para hacer el estudio, el equipo encuestó a más de 1.400 empleados del sector financiero londinense, de los que el 81 por ciento eran mujeres.

Los resultados mostraron dos patrones consistentes: ser mujer y trabajar en un entorno laboral dominado por hombres se asoció con una percepción más negativa de los errores.

Además, los hombres reportaron una visión más positiva de los errores en todas las mediciones que las mujeres, quienes se sentían menos cómodas admitiéndolos, eran más propensas a pensar que serían castigadas por ellos y estaban menos inclinadas a considerarlos oportunidades de aprendizaje.

Y cuanto más masculinizado es el entorno laboral, más se acentúan estas tendencias, advierte el estudio.

«En equipos donde más de tres cuartas partes eran hombres, las mujeres dicen estar menos cómodas: 5,46 frente a 5,94 para los hombres en las mismas condiciones, en una escala de siete puntos. Las mujeres también eran menos propensas a ver los errores como oportunidades de aprendizaje (4,20 frente a 4,54)», detalla Lordan.

«En entornos con baja proporción de hombres, las opiniones de las mujeres son tan positivas como las de los hombres, o incluso ligeramente mejores».

Sin embargo, la percepción de los hombres variaba muy poco tanto si eran mayoría como minoría en su lugar de trabajo.

Penalizar los errores

El único aspecto en el que el equipo no encontró diferencias de género fue la expectativa de penalización.

En roles y entornos similares, las mujeres no esperaban ser castigadas más que los hombres, ni en lugares de trabajo predominantemente femeninos ni en aquellos con mayor presencia masculina. Hombres y mujeres esperan las mismas consecuencias oficiales ante un error equivalente.

Según el estudio, el hecho de que las mujeres se sientan más incómodas y menos confiadas en aprender del error, aunque el castigo sea el mismo que para los hombres, demuestra que la brecha de género reside en el «terreno psicológico».

Y es que, aunque ellos y ellas asumen que las políticas disciplinarias formales se aplicarán igual ante un fallo moderado, las mujeres sienten que pisan un terreno más frágil en términos de reputación informal y temen que admitir un error genere prejuicios sobre su competencia o estigmas no verbalizados que afecten su estatus profesional.

Ahí es donde se manifiesta el sesgo: ellas temen «ser percibidas como menos competentes, que el error se use en su contra de forma no escrita», dice Lordan.

Soluciones empresariales

El estudio advierte de que la falta de seguridad psicológica entre las mujeres en ambientes masculinizados no solo afecta a los empleados y a los equipos, sino que también podría tener repercusiones negativas en toda la empresa.

«Aprender de los errores es la base de la innovación. Si las mujeres se sienten menos libres para admitir sus equivocaciones, la organización no solo pierde confianza, sino también valiosas lecciones», advierte Lordan.

Para apoyar a las empleadas y frenar su percepción negativa, el estudio propone, entre otras medidas, que los jefes, especialmente los hombres que dirigen equipos predominantemente masculinos, cambien el ambiente «simplemente siendo transparentes sobre sus propios errores».

También sugiere que las empresas creen redes de mentoría y foros de apoyo para que las mujeres cuenten con espacios seguros para hablar sobre los errores, porque «una cultura del error más inclusiva beneficia a todos», concluye Lordan. EFE

ecg/cc

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