Pakistán amplía su red de defensa y eleva el coste estratégico para la India
Amjad Ali
Islamabad, 24 oct (EFE).- Pakistán ha ido construyendo en poco más de un año una red de acuerdos de defensa que combina garantías de asistencia militar con Arabia Saudí y Turquía y una cooperación industrial más amplia con Qatar e Indonesia, una arquitectura que refuerza su posición regional y cuyo alcance sigue con atención su rival India.
El último paso llegó esta semana en Doha, donde Catar, Turquía, Pakistán e Indonesia firmaron el memorando “Badr” para impulsar la fabricación conjunta de material militar, la formación técnica y la investigación y desarrollo en defensa.
A diferencia de otros acuerdos recientes de Islamabad, el nuevo memorando no contiene una cláusula de defensa mutua. Su importancia reside en ampliar hacia la industria y la tecnología una red de cooperación militar que Pakistán ha ido institucionalizando en los últimos meses.
El núcleo más duro de esa red comenzó a tomar forma en septiembre de 2025, cuando Pakistán y Arabia Saudí firmaron un Acuerdo Estratégico de Defensa Mutua que establece que cualquier agresión contra uno de los dos países será considerada una agresión contra ambos.
En agosto pasado, esa lógica se amplió con el Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca entre Pakistán, Arabia Saudí y Turquía.
Pakistán y Arabia Saudí ya han completado sus respectivos procesos de ratificación, mientras Turquía tramita el acuerdo de acuerdo con sus procedimientos internos, confirmó esta semana el Ministerio paquistaní de Exteriores.
En una reunión de su Comité Político y de Defensa celebrada el 5 de octubre en Riad, los tres países acordaron poner en marcha los compromisos de defensa colectiva y adoptar medidas para disponer de las fuerzas y capacidades militares acordadas y garantizar su rápido despliegue en Arabia Saudí cuando sea necesario.
Para Islamabad, los beneficios existen incluso si ninguno de estos acuerdos llega nunca a activarse en una guerra.
Pakistán gana acceso a capital, tecnología y mercados para su industria militar, al tiempo que refuerza su papel como proveedor de seguridad en Oriente Medio y diversifica unas relaciones de defensa históricamente dependientes de grandes potencias.
“Pakistán ha conseguido sin duda ganancias estratégicas frente a India mediante estos acuerdos, y eso naturalmente ha levantado inquietud en India”, dijo a EFE Abdul Basit, exalto comisionado paquistaní en Nueva Delhi.
Qué cambia para India
Tras la firma de los acuerdos, el Ministerio indio de Exteriores aseguró que estaba examinando sus implicaciones para la seguridad nacional y la estabilidad regional, sin cuestionar públicamente el derecho de Pakistán a establecer esas alianzas.
El interrogante central es cuánto significarían realmente esas garantías en una nueva crisis entre la India y Pakistán.
La cláusula del acuerdo de La Meca recuerda por su formulación al principio de defensa colectiva de la OTAN, aunque los tres firmantes no lo presentan como una alianza equivalente y vinculan expresamente su actuación al derecho de legítima defensa recogido en el artículo 51 de la Carta de Naciones Unidas.
La puesta en marcha de mecanismos para un despliegue rápido da ahora mayor contenido práctico a ese compromiso, aunque sigue sin estar claro qué tipo de respuesta exigiría una agresión contra uno de sus miembros ni si todos estarían obligados a participar directamente en un conflicto armado.
Esa ambigüedad es especialmente relevante para India y Pakistán, dos potencias nucleares que en mayo de 2025 protagonizaron su enfrentamiento militar más grave en décadas.
El pacto bilateral con Arabia Saudí, firmado apenas cuatro meses después de aquel conflicto, dio a Islamabad una garantía política de seguridad de uno de sus aliados históricos.
El memorando firmado ahora en Doha ensancha aún más la red, pero no convierte a Catar e Indonesia en aliados militares automáticos de Pakistán.
Más que una alianza militar
Arabia Saudí aporta financiación, peso diplomático y una relación de seguridad de décadas; Turquía tecnología militar, sistemas de armas y experiencia industrial; mientras Catar e Indonesia amplían las posibilidades de inversión, producción y acceso a nuevos mercados.
Pakistán aporta a su vez unas Fuerzas Armadas experimentadas y una industria militar que busca aumentar sus exportaciones y reducir su dependencia tecnológica exterior.
El acuerdo Badr contempla además la posibilidad de que otros países se incorporen en el futuro si cumplen los criterios establecidos por sus miembros.
Incluso sin una intervención directa de sus socios en una eventual guerra, Islamabad obtiene mayor profundidad diplomática, fuentes alternativas de financiación y tecnología y una red más amplia para producir y adquirir armamento.
Los acuerdos escritos pueden elevar el coste político de atacar a Pakistán y reforzar su capacidad de disuasión, pero no permiten saber cómo reaccionarían Riad o Ankara ante una crisis real con la India.
La respuesta solo aparecería en el escenario que estos pactos pretenden precisamente evitar, cuando alguna de esas garantías tenga que ser puesta a prueba. EFE
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