Peregrinación judía a Uman, víctima de las restricciones por el coronavirus
Normalmente, nada diferencia a Uman de otra ciudad media ucraniana. Pero un fin de semana al año, esta localidad acoge una importante peregrinación de la comunidad judía jasídica, una celebración que este año se vio arruinada por el coronavirus.
Vestidos con el tradicional traje negro, decenas de miles de peregrinos toman habitualmente posesión de las calles de Uman para las festividades que marcan el año nuevo judío, celebrando la memoria del rabino Nahman de Breslev (1772-1810), gran figura de esta rama del judaísmo.
En esta ciudad, que hoy cuenta con 80.000 habitantes y está alejada de toda gran aglomeración, había hecho construir su tumba y prometido un año de felicidad a cada peregrino que venía a visitarla.
Desde la caída de la Unión Soviética, esta peregrinación ha tenido un éxito creciente, hasta la pandemia de covid-19.
Frente a inquietantes indicadores epidemiológicos, el 28 de agosto Kiev cerró sus fronteras a los extranjeros. Unas semanas antes, las autoridades ucranianas e israelíes ya habían recomendado a los peregrinos que no viajaran a Uman.
Pero algunos miles de judíos jasídicos ya llegaron a la ciudad mucho antes del Año Nuevo judío, celebrado esta vez del 18 al 20 de septiembre.
– Tierra de nadie –
Varios cientos de kilómetros más al norte, unos 2.000 peregrinos intentaron por todos los medios llegar a Uman.
Procedentes sobre todo de Israel, pero también de Estados Unidos, el Reino Unido o Francia, pensaron que podían eludir la prohibición ucraniana pasando por Bielorrusia.
Aproximadamente la mitad quedó atrapada en la zona neutral, cerca de un puesto fronterizo, en condiciones precarias, ya que Ucrania se negó a concederles un salvoconducto.
Finalmente tuvieron que dar la vuelta el viernes y tendrán que celebrar las fiestas en Bielorrusia.
En Uman, es la incomprensión. Se debería «haber hecho lo necesario para permitirles venir», dice Mota Franck, rabino de Jerusalén, a la AFP.
Para este hombre, de 50 años habría sido suficiente que los peregrinos se comprometieran a respetar «todas las reglas de cuarentena y pasar todos los controles».
En la calle Pushkin, el centro de las festividades en Uman, innumerables letreros recuerdan a los peregrinos que lleven una máscara. A todos los que desean entrar en la tumba del rabino Nahman también se les toma la temperatura.
En el interior del santuario con paredes y columnas blancas, después de que un peregrino bese la tumba de piedra, unos hombres con chaqueta amarilla la limpian con desinfectante.
Esto no impide que muchos habitantes de la ciudad teman un aumento de las contaminaciones con el nuevo coronavirus, un miedo amplificado por el descubrimiento de diez enfermos entre los peregrinos.
– Demasiado tarde –
El alcalde de Uman, Oleksandr Tsebriï, incluso viajó a Kiev para persuadir el presidente Volodímir Zelenski de cancelar las festividades.
Pero las autoridades ucranianas «reaccionaron demasiado tarde», lamenta, agregando «sentirlo mucho» por los peregrinos, obligados a respetar estrictas normas contra el coronavirus en lo que se supone es un momento de comunión.
Ucrania, uno de los países más pobres de Europa, había registrado el viernes cerca de 170.000 contaminaciones y cerca de 3.500 muertes.
El jueves, el país alcanzó un récord de nuevos casos diarios y algunos habitantes denuncian el mantenimiento de las ceremonias, incluso reducidas.
Para evitar incidentes la policía ha reforzado la seguridad alrededor de la tumba.
Tan pronto como sea posible, Uman «volverá a recibir a todos los turistas», asegura el alcalde. «Pero ahora, la salud y la vida son primordiales».