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Portugal recupera la confianza de los mercados, pero mantiene fragilidades estructurales

Manuel Fuentes

Lisboa, 13 sep (EFE).- Quince años después de solicitar asistencia financiera internacional, Portugal ha pasado de ser uno de los países más castigados por la crisis de deuda de la eurozona a recibir una calificación “A+” de Fitch, un ascenso que confirma la recuperación de la confianza de los mercados, aunque los economistas advierten de que persisten importantes fragilidades estructurales.

El país, que en 2011 tuvo que recurrir al rescate de la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional, presenta ahora unas cuentas públicas más equilibradas y una ratio de deuda sobre el producto interior bruto (PIB) en descenso. Esa evolución ha mejorado sus condiciones de financiación y reforzado su credibilidad externa.

La subida de la nota soberana portuguesa se encuadra en una transformación más amplia de las economías del sur de Europa que estuvieron en el centro de la crisis del euro y que ahora, en algunos casos, se financian en condiciones más favorables que países tradicionalmente considerados más sólidos.

Fitch confirma una confianza ya reflejada por el mercado

Para el catedrático João Duque, doctor en Finanzas por la Universidad de Manchester, la decisión de Fitch no representa tanto un cambio repentino como la confirmación de una recuperación de credibilidad construida durante los últimos años.

Portugal inició después de la crisis de deuda soberana “un recorrido notable” de recuperación del saldo presupuestario y de reducción del peso de la deuda, sostiene el profesor del Instituto Superior de Economía y Gestión (ISEG) de la Universidad de Lisboa, quien destaca que el país cumplió los compromisos asumidos y fue obteniendo resultados presupuestarios cada vez mejores.

Esa evolución permitió a Portugal reconquistar el interés y la confianza de los inversores, algo que se refleja en la facilidad con la que coloca su deuda y en la percepción de los títulos portugueses como activos seguros.

A su juicio, la mejora anunciada por Fitch “viene apenas a confirmar lo que el mercado ya reflejaba” tanto en el precio de la deuda como en sus rentabilidades. Las agencias de calificación, recuerda, trabajan fundamentalmente con documentación pública y no disponen de información privilegiada del Estado portugués.

António Mendonça, profesor catedrático del Instituto Superior de Economía y Gestión de la Universidad de Lisboa, coincide en que la percepción internacional de Portugal ha mejorado significativamente durante la última década gracias a la reducción del déficit y de la deuda pública, la mejora de las cuentas externas, la mayor solidez del sistema financiero y la capacidad de mantener un crecimiento positivo en un entorno adverso.

La subida de Fitch es, para Mendonça, “una señal relevante de confianza” que puede facilitar de inmediato la financiación del Estado, las empresas y las familias, además de reforzar la credibilidad externa del país.

Pero este economista pide evitar lecturas “excesivamente triunfalistas”, porque las agencias tienden a evaluar las perspectivas futuras sobre la base de las condiciones coyunturales y prestan menos atención a las vulnerabilidades estructurales y a la generación de dependencias.

José Reis, profesor de la Facultad de Economía de la Universidad de Coimbra, reconoce igualmente la importancia de la decisión de Fitch, pero advierte de que expresa sobre todo “la visión de corto plazo de los mercados” y no resuelve las debilidades de fondo de la economía portuguesa.

El límite de un crecimiento intensivo en empleo

Según Reis, Portugal ha basado buena parte de su crecimiento durante la última década en la creación intensiva de puestos de trabajo. Se trata, afirma, de una economía “hambrienta de mano de obra”, en la que una gran proporción del empleo se concentra en sectores frágiles, con limitada capacidad empresarial y escasa creación de valor.

Este modelo ha permitido generar empleo, distribuir ingresos y elevar la recaudación tributaria, particularmente la procedente del IVA, lo que contribuye a explicar la mejora de las cuentas públicas.

Los mercados financieros, señala Reis, no penalizan por ahora ese problema porque se concentran en el corto plazo y en la capacidad de obtener rentabilidad. Desde ese punto de vista, la economía portuguesa “paga bien a los mercados”, como muestran los indicadores relacionados con la contratación y el volumen de deuda.

Mendonça identifica asimismo desafíos relacionados con la sostenibilidad del crecimiento, la productividad, el reducido tamaño de las empresas, la excesiva dependencia del turismo, la evolución demográfica y la capacidad de generar niveles sostenidos de inversión e innovación.

La mejora de la percepción externa es “un activo importante”, afirma, pero no debe interpretarse como un proceso irreversible, sino como un activo que Portugal necesita gestionar estratégicamente dentro de una política de desarrollo y transformación estructural.

Una reducción de la deuda sometida a riesgos

Duque considera que Portugal ha dejado atrás la zona de mayor riesgo y puede reducir ahora la deuda a un ritmo menos acelerado, sin necesidad de realizar un esfuerzo presupuestario tan intenso como en años anteriores.

Si la economía consigue un crecimiento real de entre el 1,5 % y el 2 % y el deflactor del PIB evoluciona en niveles próximos a la inflación, el PIB nominal podría aumentar alrededor de un 5 % o un 6 %. En ese escenario, incluso con un saldo presupuestario nulo, el crecimiento nominal bastaría para seguir reduciendo anualmente la ratio de deuda sobre el PIB.

El principal riesgo reside, según Duque, en la evolución del déficit, muy dependiente de los ingresos fiscales y, por tanto, del crecimiento nominal de la economía. Una parte importante del gasto público es rígida, por lo que una pérdida significativa de poder adquisitivo o una caída del consumo podría reducir la recaudación, provocar el regreso de los déficits y frenar, o incluso invertir, la trayectoria descendente de la deuda.

Mendonça recuerda que esa reducción se ha beneficiado de una combinación favorable de crecimiento, inflación, disciplina presupuestaria y saldos primarios positivos, pero señala que la consolidación coexistió durante varios años con niveles relativamente bajos de inversión pública, con efectos sobre la inversión privada, la innovación y la productividad.

La continuidad del proceso “no debe considerarse garantizada”, sostiene. Entre los principales riesgos externos cita la desaceleración europea, el agravamiento de las tensiones geopolíticas, la evolución de los precios de la energía, la fragmentación del comercio internacional, la presión para elevar el gasto en defensa y seguridad y un eventual empeoramiento de las condiciones de financiación.

A esos factores se suman un crecimiento potencial modesto, los problemas para atraer y retener trabajadores cualificados, la evolución demográfica, la estructura empresarial y las presiones crecientes sobre los sistemas sanitario y de seguridad social.

Para Reis, el modelo tampoco es sostenible a largo plazo porque la incorporación continua de trabajadores tiene un límite. Portugal no puede incrementar indefinidamente su población ocupada, actualmente superior a cinco millones de personas, y necesitaría sustituir el crecimiento basado en el aumento del empleo por otro sustentado en una mayor productividad y capacidad de creación de valor.

“La única forma de contrarrestarlo sería que la economía tuviera otra estructura productiva y fuese creadora de valor”, afirma el profesor de Coimbra.

Mendonça resume el desafío en términos similares: los indicadores financieros son importantes, pero el verdadero examen de la sostenibilidad de una economía es su capacidad para generar riqueza, productividad y competitividad en un contexto internacional en rápida transformación.

Portugal presenta así una posición ante los inversores radicalmente distinta de la que tenía durante el rescate. Mantenerla dependerá no solo de la disciplina presupuestaria, sino también de que el país sea capaz de transformar su estructura productiva y elevar su potencial de crecimiento. EFE

mf/av

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