«Que todos los chicos queden libres», pide la madre de uno de los marinos ucranianos detenidos en Rusia
Cuando un vecino le contó de un incidente en el mar de Azov, Olga Oprysko, una jubilada que reside en un pequeño pueblo en el oeste de Ucrania, entendió rápido que su hijo había sido detenido.
La mujer de 74 años prendió la televisión y descubrió que marinos ucranianos habían sido detenidos por los guardacostas rusos tras un enfrentamiento armado a lo largo de Crimea y del estrecho de Kerch, un pasaje marítimo entre el mar Negro y el mar de Azov.
«Al inicio, no pensé que estaba ahí», cuenta Olga Oprysko en su pequeña casa de Naditychi, un pueblo con algunas casas al lado del Dniéster, el gran río del oeste ucraniano. «Pero al día siguiente, descubrí en los informativos que sí era parte de los prisioneros».
Andriy Oprysko, de 47 años, es uno de los 24 marinos que estaban a bordo de los pequeños navíos y del remolcador apresados por los guardacostas rusos, bajo autoridad de los servicios de seguridad del país (FSB).
Estaba en el Nikopol, un pequeño barco blindado lanzado en junio de 2017 y que no se incorporó oficialmente a la Armada ucraniana hasta julio de 2018. El Nikopol es el único de los tres barcos que no fue dañado en el enfrentamiento.
Los 24 marinos están detenidos por dos meses y han sido trasladados de la península de Crimea a Moscú pese a las llamadas internacionales, en especial los del presidente estadounidense Donald Trump, para su liberación.
«Solo tengo una demanda: que todos los chicos queden libres. Todos», reclama Olga Oprysko.
– Un «sueño de niño» –
Aunque el pueblo de Naditychi está a 600 kilómetros de la costa más cercana, la foto de un velero cuelga sobre uno de los muros de la casa de Olga Oprysko. En el borde de una ventana, está la maqueta de madera de un pequeño barco.
«Desde niño soñaba con los mares. Siempre quiso estar cerca del agua», explica Olga Oprysko, enseñando fotografías en las cuales Andriy posa con traje de marinero siendo aún un niño. Hoy tiene dos hijos.
Desde hace algunos días, la nieve ha llegado en la región de Lviv, gran ciudad del oeste de Ucrania ubicada cerca de Naditychi. Pero Olga solo tiene recursos para calentar la pequeña habitación en la que duerme.
Antes de su jubilación, era profesora de ruso en el pueblo vecino, pese a que el ucraniano era mucho más usado en esta región. «Nunca hubiera pensado que mis esfuerzos para enseñar la lengua rusa serían apreciados en Rusia», explica a la AFP.
«En vez de darme una recompensa, me castigan encarcelando a mi hijo», continua.
Mientras Ucrania dice que la detención es «ilegal» y denuncia un acto «bárbaro», el presidente ruso Vladímir Putin insiste en que los guardacostas rusos hicieron su «deber militar» y que los navíos penetraron en aguas territoriales rusas sin responder a los mensajes de las autoridades.
«¿Qué pasó? [Los ucranianos] no respondieron a las llamadas de nuestros guardias fronterizos. Y entraron en nuestras aguas territoriales», insiste el presidente ruso.
Una versión desmentida por Kiev, que denunciaba desde hace algunos meses la gran presión de Rusia sobre los navíos ucranianos alrededor del estrecho de Kerch y en el mar de Azov, clave para la exportación de cereales o acero producidos en el este de Ucrania.
«No tengo miedo porque soy una persona religiosa. No estoy enfadada», dice Olga Oprysko. Y agrega: «Estoy orgullosa de mi hijo».