¿Son compatibles las sanciones con la neutralidad?
La iniciativa sobre la neutralidad, que se someterá a votación en Suiza el próximo 27 de septiembre, pretende limitar el margen de maniobra del país a la hora de imponer sanciones. El origen de la polémica está en las medidas adoptadas contra Rusia en línea con la UE. ¿Vulneran realmente la neutralidad suiza?
Análisis.
La imagen es drástica, pero quienes apoyan la iniciativa sobre la neutralidad recurren a ella con frecuencia: matar de hambre al enemigo hasta que se rinda. Entre los asedios medievales y las sanciones apenas habría diferencias, sostienen.
Durante siglos, el asedio fue un arma de guerra habitual en Europa. Cuando un ejército sitiaba una ciudad, cortaba sus vías de suministro y el acceso al agua. El objetivo era obligar a sus habitantes a rendirse o debilitarlos hasta el punto de hacer posible un asalto posterior.
Las sanciones buscan doblegar al adversario
En 1870, las tropas alemanas sitiaron París. Para sobrevivir, sus habitantes empezaron comiendo animales domésticos y acabaron incluso con los elefantes del zoológico. Murieron 40.000 civiles. La cifra fue, sin embargo, muy inferior a la del asedio de Leningrado por parte de la Alemania nazi entre 1941 y 1944, en el que murió más de un millón de personas.
En Suiza, la localidad de Murten también fue sitiada en 1476, hasta que los confederados derrotaron a las tropas de Carlos el Temerario en la batalla de Murten.
Según el derecho internacional actual, provocar deliberadamente la hambruna de la población civil constituye un crimen de guerra. Las sanciones, en cambio, son una herramienta habitual. También pretenden doblegar al adversario y existen desde hace siglos.
La diferencia es que las sanciones actúan exclusivamente en el ámbito económico y buscan tener un efecto selectivo. A menudo se dirigen contra la industria armamentística de un país o, de forma aún más específica, contra determinados actores, limitando su margen de actuación.
Efectos secundarios no deseados
Sin embargo, las sanciones también afectan en ocasiones a la población civil. Uno de los casos más graves se produjo con el embargo comercial impuesto a Irak bajo el régimen de Sadam Husein en la década de 1990. Las medidas tuvieron consecuencias no deseadas: faltaron alimentos y empeoró la atención sanitaria.
A raíz de esta experiencia, las sanciones se han vuelto más selectivas. Hoy se habla de «sanciones inteligentes», diseñadas para ser previsibles y lograr el máximo efecto con el mínimo impacto colateral. Así, Occidente excluyó, entre otras medidas, a varios bancos rusos del sistema internacional de mensajería de pagos SWIFT. Eso les impide recibir divisas o transferir activos al extranjero.
¿Son entonces las sanciones un arma de guerra, como sostienen quienes apoyan la iniciativa sobre la neutralidad? La cuestión es fundamental en el debate sobre la propuesta. Y la respuesta no solo es compleja, sino que también está muy politizada.
¿Se utiliza la economía como arma de guerra?
Es evidente que la economía puede utilizarse para hacer la guerra y que ningún país impone sanciones sin perseguir un objetivo. Eso parece estar claro. En contra de considerar las sanciones un arma de guerra está, sin embargo, el hecho de que son un instrumento de presión destinado a prevenir conflictos.
Suiza, por ejemplo, persigue un objetivo claro cuando impone sanciones: contribuir a la paz. Como miembro de la ONU, este pequeño país económicamente poderoso ajusta su política de sanciones a las decisiones del Consejo de Seguridad.
«Suiza aplica sanciones destinadas a garantizar el respeto del derecho internacional, en particular de los derechos humanos», señala el Gobierno suizoEnlace externo, que añade: «De este modo, contribuye a promover la paz y la seguridad».
Las sanciones contra Rusia, un caso especial
Actualmente, Suiza mantiene sancionesEnlace externo contra 24 países, desde Bielorrusia y Myanmar hasta la República Centroafricana, así como contra varias organizaciones, entre ellas Hamás, el Estado Islámico y los talibanes.
En el caso de Rusia, sin embargo, Suiza no siguió a la ONU, ya que el poder de veto de Rusia en el Consejo de Seguridad habría impedido cualquier medida de presión económica. En 2022, Suiza siguió las sanciones adoptadas por la UE.
Este es uno de los principales motivos por los que surgió la iniciativa sobre la neutralidad. Quienes la defienden consideran que precisamente esta decisión vulneró la neutralidad suiza. El exconsejero federal Christoph Blocher, promotor de la iniciativa, escribió en una columna lo siguiente: «También se puede actuar contra la neutralidad matando de hambre a una de las partes en guerra. Estas sanciones son un arma de guerra. Suiza se ha convertido en una parte beligerante».
>> En el siguiente artículo le explicamos en qué consiste la iniciativa sobre la neutralidad:
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¿Debe ser estricta o flexible la neutralidad suiza? La ciudadanía decidirá en las urnas
¿Sigue siendo neutral Suiza?
Lo cierto es que, debido a sus sanciones, Rusia ya no considera neutral a Suiza. Moscú incluye al país en su lista de 49 «Estados hostiles». ¿Significa eso que Suiza es una parte beligerante? Quienes promueven la iniciativa también citan en este contexto al expresidente estadounidense Joe Biden, a quien atribuyen haber dicho que Suiza ya no era neutral.
Sin embargo, si Biden llegó a hacer una afirmación de este tipo, fue como mucho de forma indirecta. En su discurso sobre el estado de la Unión (State of the Union) del 1 de marzo de 2022, Biden dijoEnlace externo: «Junto con los 27 Estados miembros de la Unión Europea y países como Reino Unido, Canadá, Japón, Corea, Australia, Nueva Zelanda y muchos otros, incluso Suiza, estamos haciendo daño a Rusia».
En octubre de 2022, el periódico Aargauer ZeitungEnlace externo planteó al entonces presidente de la Confederación, Ignazio Cassis, una cuestión similar: «Vladímir Putin y el presidente estadounidense Biden han dicho que Suiza ya no es neutral. También el presidente Zelenski ha puesto en duda la neutralidad. Solo el Consejo Federal (Gobierno) sostiene lo contrario. ¿No sería más honesto decir que Suiza no puede mantenerse neutral ante una violación tan flagrante del derecho internacional y los derechos humanos como la que está cometiendo Rusia?»
Cassis respondió: «No, somos y seguiremos siendo neutrales. No participamos en la guerra ni con tropas ni con armas. Sin embargo, defendemos la libertad, la democracia y nuestros valores. Y eso es perfectamente compatible con nuestra neutralidad».
«Medios de coerción no militares»
Aquí reside la diferencia fundamental. Según Cassis —y el Consejo Federal—, la neutralidad significa que Suiza no participa con tropas ni armas en guerras ajenas. Christoph Blocher va más allá e incluye también los «medios de coerción no militares». Entre ellos menciona «sanciones económicas, boicots estatales, restricciones diplomáticas, confiscación de bienes, etc.».
Si se amplía la perspectiva, las diferencias se hacen aún más evidentes. Una de las partes habla de dos contendientes en igualdad de condiciones, que deberían recibir el mismo trato. La otra subraya la ilegalidad, según el derecho internacional, de la guerra de agresión rusa contra Ucrania, que considera que debe ser castigada.
Quienes se oponen a la iniciativa sobre la neutralidad acusan a sus defensores de ser favorables a Rusia. Estos responden que se está poniendo en peligro a la ligera un principio de Estado que ha demostrado su eficacia durante décadas debido a la guerra en Ucrania. Por ello, la iniciativa exige que Suiza se sume en el futuro únicamente a las sanciones de la ONU.
Las sanciones, una cuestión de máxima actualidad
Durante el debate de la iniciativaEnlace externo en el Consejo Nacional (cámara baja), el diputado Dominik Blunschy recordó que Suiza ya había impuesto sanciones durante el conflicto de Kosovo, en 1998, sin que estuvieran vinculadas a un mandato de la ONU. Estas medidas se dirigieron contra Serbia.
El político del partido del Centro explicó entonces ante la Cámara: «El Consejo Federal concluyó en aquel momento que no era la participación en las sanciones, sino mantenerse al margen de ellas, lo que podía poner en peligro la credibilidad de nuestra neutralidad». Con ello, el diputado apuntaba a una dinámica que también desempeñó un papel central en las sanciones contra Rusia: la presión internacional sobre Suiza. En 2022, esta fue enorme.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, convenció entonces al Consejo Federal para que se sumara a las sanciones.
Good conversation with Swiss President @ignaziocassisEnlace externo regarding the unprovoked attack of Russia on Ukraine.
— Ursula von der Leyen (@vonderleyen) March 4, 2022Enlace externo
I welcome the decision of the Swiss government to widen sanctions against Russia in step with the measures imposed by the EU. pic.twitter.com/BtLoPBHeKkEnlace externo
Poco después de la invasión rusa de Ucrania, los países occidentales cerraron filas. Que Suiza se mantuviera al margen habría deteriorado de forma duradera sus relaciones con Bruselas y Washington. Sumarse a las sanciones contra Rusia fue quizá el imperativo moral del momento, como lo presentó el Consejo Federal.
Pero, sobre todo, respondía a los intereses económicos de Suiza y a la necesidad de mantener sus relaciones con sus principales socios. Era, en definitiva, una decisión pragmática.
Artículo editado por Pauline Turuban; y adaptado al español por Carla Wolff.
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