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El banquero suizo que eligió la libertad de la Patagonia

Christoph Schaer
Christoph Schär lleva diez años viviendo en Argentina con su familia. SWI swissinfo.ch

Desde el centro financiero de Suiza a la estepa patagónica: cómo el suizo Christoph Schär dejó el mundo de las finanzas para construir una nueva vida como criador de ovejas en Argentina.

Poco después de las 8 de la mañana, de camino de Zúrich a Langenthal, Christoph Schär hace una parada en un café de Sursee, cantón Lucerna, en el centro de Suiza. Es la mañana siguiente a la final de la Copa Mundial de Fútbol. La noche anterior, Argentina había luchado hasta altas horas por el título y había perdido.

Si Argentina hubiera ganado, probablemente se habría perdido una gran fiesta en su ciudad de adopción, Buenos Aires. Ahora está en Suiza, procesando la derrota. «Vi el partido en un evento público con mi hija Joséphine».

Su decepción personal es moderada: el empresario no es un gran aficionado al fútbol. En cambio, cuenta que su hija, que tiene doble nacionalidad suiza y argentina, se sintió algo desanimada tras la derrota.

Para la familia, Argentina significa mucho más que fútbol. El país forma parte de una vida que Christoph Schär, de 60 años, ha construido a lo largo de los años y que se ha convertido en su hogar. El exbanquero privado y asesor financiero es ahora empresario ganadero ovino, y produce lana en la estepa patagónica, provincia de Chubut, con un rebaño de casi 10.000 ovejas merinas.

Nuestra serie presenta a hombres y mujeres suizos que fundan y desarrollan empresas en el extranjero. A través de sus historias personales, exploramos por qué eligen llevar adelante proyectos más allá de las fronteras del país, las condiciones laborales que encuentran, así como los desafíos y las oportunidades.

A través de sus historias de vida, esta serie también muestra cómo la comunidad suiza en el extranjero contribuye a la proyección económica, cultural y política de la Confederación.

De banquero a empresario

Las raíces suizas de Schär se remontan muy atrás. Los registros del Archivo Estatal de LucernaEnlace externo muestran que su familia puede rastrearse hasta 1342, cuando ya eran agricultores de manera permanente. A él le gusta decir que lleva la agricultura en la sangre: incluso su abuela tenía una huerta.

Sin embargo, inicialmente se sintió atraído por el mundo exterior y por una carrera «tradicional». Estudió en San Galo, más tarde trabajó en el Consulado General de Suiza en Nueva York y luego su carrera como banquero despegó. Entre otros cargos, en un importante banco suizo dirigió una sucursal en Brasil. Con el tiempo, ascendió al cargo de director general.

Christoph Schär y su esposa Clara.
Christoph Schär y su esposa Clara. zVg

Pero al acercarse a los 50 años, se sentía cada vez más insatisfecho con su vida profesional. «Simplemente, ya no me llenaba», recuerda hoy. Estaba buscando un nuevo desafío y más libertad para desarrollar sus propias ideas.

Es particularmente crítico con la presión que, a su juicio, el sistema educativo helvético ejerce sobre los estudiantes. Por ejemplo, afirma que los niños de Zúrich dejarían de tocar instrumentos musicales debido a las elevadas exigencias académicas.

«En Sudamérica, me fascina la inmensidad y, con ella, viene cierta libertad», dice, y añade que hay menos reglas, lo que resulta en más oportunidades para hacer las cosas a su manera.

Su esposa Clara -que es argentina- tiene estrechos lazos con su país natal y proviene de una familia que ha trabajado la tierra allí durante cinco generaciones. Con el tiempo, ambos decidieron establecer también su propio negocio, tal como lo había hecho en su momento el padre del exbanquero, pero en el mismo rubro que la familia de su esposa. Se dispusieron a buscar un campo propio.

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Un pedacito de la Patagonia

En 2012 encontraron lo que buscaban. Durante un período de turbulencias económicas y políticas en Argentina, compraron un campo en la Patagonia. Al principio, Schär imaginaba un proyecto idílico para los fines de semana.

Hoy, no puede evitar reírse de esa idea. «Era una mezcla de ingenuidad e idealización romántica», dice.

En 2016, la familia trasladó definitivamente su residencia principal de Suiza a Argentina. Alquilaron una casa en un barrio de las afueras de Buenos Aires, cerca de la escuela alemana (para los niños), y subarrendaron su propiedad en Suiza. Pasaban cada minuto libre en el ‘campo’, como llaman a su finca en la Patagonia.

Dirigir un negocio en un lugar tan aislado es todo un desafío. El campo se encuentra en una zona muy remota. El aeropuerto más cercano está a cuatro horas en auto y el pueblo más próximo, a una hora. Al principio, no había un suministro constante de electricidad. El acceso a internet solo estuvo disponible desde que el satélite Starlink lo hizo posible.

Recuerda que, durante mucho tiempo, Radio Chubut fue uno de los medios de comunicación más importantes de la región, ya que varios mensajes enviados a la emisora se leían una vez por semana. Gracias a ello, dice, podía avisar a su personal que «los jefes» iban a llegar. En cambio, afirma que era prácticamente inviable informar sobre una visita inesperada.

A esto se suma el entorno natural: en invierno, la nieve suele alcanzar varios metros de espesor. Vientos de hasta 120 km/h azotan la estepa; son demasiado fuertes, por ejemplo, para instalar turbinas eólicas. Esta región es primitiva y hostil, pero precisamente eso es lo que la hace tan fascinante y hermosa, afirma el empresario. «En estas condiciones, una oveja sobrevive o muere».

Un rebaño de ovejas en la Patagonia
Estancia La Bernarda -la finca de los Schär- el otoño pasado. Las ovejas esperan ser esquiladas. zVg

Los desafíos del trabajo por cuenta propia

La búsqueda de personal adecuado también está resultando más difícil de lo esperado. Schär había supuesto que con poner un anuncio bastaría para contratar a personas calificadas.

«Encontrar gente buena con la actitud adecuada es lo más difícil de todo», afirma. En la Patagonia, cuenta, todo depende de los pastores y del administrador, y hay que ser capaz de construir una relación de confianza con ellos. Desarrollar esta familiaridad mutua con la población lugareña lleva tiempo: por un lado, por ser extranjero y, por otro, en el caso de su esposa, por ser mujer. En el mundo de la ganadería, fuertemente dominado por los hombres, esto supone un reto particular, señala.

Además de los desafíos climáticos y de personal, existen otros riesgos, como el robo de ganado. «Ha habido casos en los que se robaron cientos de animales de la zona de una sola vez. Por la noche, los pumas o los zorros patagónicos se llevan ovejas de los rebaños», explica.

Y luego está el mercado de la lana. Sostiene que no quiere limitarse a vender su lana a los precios fijados por los intermediarios establecidos. En Argentina, un puñado de grandes comerciantes domina el mercado.

Cuando intentó exportar directamente su lana de alta calidad, se topó con obstáculos burocráticos. Invirtió en certificaciones de sostenibilidad y se esforzó por sortear la normativa. «Al final, fuimos el primer establecimiento de Argentina en lograr exportar directamente a Uruguay», dice con orgullo.

Lo que es más fácil en Argentina

Al mismo tiempo, quiere conservar la mayor parte posible del valor agregado dentro de la región. La lana se lavará, se peinará y se hilará localmente. «A través de la cadena de procesamiento en el lugar, podemos crear empleos. En pocas palabras, eso significa más alimentos y un futuro más prometedor para la población local», afirma.

El desarrollo de esta región remota es una parte importante del proyecto de la familia Schär. En este sentido, se atiene a reglas que, como ciudadano suizo, considera evidentes: paga los salarios a tiempo, asegura a sus empleados contra enfermedades y accidentes y respeta la ley.

A pesar de todos estos desafíos, no cree que la vida en Argentina sea simplemente más complicada. Para él, la incertidumbre, en particular, también tiene un lado positivo. No todo está regulado hasta el más mínimo detalle, afirma, y hay mucha libertad.

«La incertidumbre siempre ha despertado mi fuerza interior». Según él, para muchos problemas existe una solución pragmática. «Nada es imposible»: la filosofía de su padre también lo acompañó hasta la Patagonia.

Para él, la diferencia con Suiza radica menos en que en Argentina haya menos problemas, sino más bien en cómo se abordan.

Una empresa familiar

El empresario y su esposa dirigen el Campo juntos. Él se ocupa del desarrollo de la empresa, mientras que Clara, exconsultora de McKinsey, supervisa las finanzas.

La familia Schär en Argentina
La familia Schär, junto con su personal y sus familias, reunidos alrededor de la mesa. zVg

Los hijos también han encontrado sus propios caminos en Argentina.

Su hija Joséphine estudió en Lausana y Singapur y ahora trabaja en Zúrich. Pauline descubrió su pasión por el polo y, gracias a una disciplina rigurosa, llegó a formar parte de la élite del polo femenino en Argentina. Su hijo Jacques se mudó a Suiza para cumplir con el servicio militar. Ahora estudia agronomía en su país de adopción.

El desarrollo de sus hijos es también una de las razones por las que no se arrepiente de haberse mudado a Argentina. A pesar de una educación exigente, aquí encontraron mucho espacio para el deporte, la naturaleza y sus propios intereses. Y, a diferencia de lo que había observado en Suiza, nunca perdieron la alegría de hacer música.

Hoy, divide su tiempo entre los dos mundos. Asesora a un selecto grupo de clientes brasileños adinerados, al tiempo que trabaja en la expansión de su negocio en la Patagonia. Su vínculo con Suiza nunca se ha roto y regresa regularmente para ocuparse de sus asuntos allí. Este verano, por ejemplo, está vaciando la casa de sus padres en Langenthal, cantón de Berna. Después, regresará a Argentina.

Su viaje está lejos de terminar. Christoph Schär tiene otros proyectos que quiere llevar a cabo en el país del sur. Por encima de todo, sin embargo, espera que algún día sus hijos asuman un papel más importante en la empresa.

Artículo editado por Samuel Jaberg y adaptado al español por Norma Domínguez. Revisado por Carla Wolff.

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