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El gas de Alaska, una apuesta de décadas se cuela en la batalla por el Senado en EE.UU.

Ana Milena Varón

Los Ángeles, 22 oct (EFE).- Alaska guarda una promesa energética que lleva décadas sin hacerse realidad y que ahora se ha colado en la puja por el Senado en las elecciones de medio mandato, aunque la iniciativa, que busca aprovechar las reservas de gas natural del estado, abaratar el combustible y generar empleo, lleva más de medio siglo plagada de obstáculos y dudas sobre su viabilidad.

Se trata del proyecto Alaska LNG, una megainfraestructura energética valorada entre 44.500 y 54.500 millones de dólares que busca transportar gas natural desde el North Slope, una región en el norte del estado más septentrional, hasta los mercados nacionales e internacionales a través de un gasoducto de más de 1.300 kilómetros, una distancia comparable a la que separa por carretera Los Ángeles de Seattle.

El plan volvió estar en el foco nacional porque los demócratas tienen posibilidades de hacerse con el escaño republicano de Alaska en juego el 3 de noviembre, y darle la vuelta al equilibrio de poder en la Cámara Alta y dar un golpe al presidente Donald Trump, que ha apoyado el proyecto y quiere sumar inversores extranjeros.

La semana pasada el mandatario viajó hasta Alaska -un estado donde sus habitantes reciben un dividendo anual por los ingresos del petróleo- para anunciar un compromiso de inversión de Taiwán de 4.400 millones de dólares en el proyecto, que se sumaría a un acuerdo que Corea del Sur está considerando.

Un futuro incierto

Matthew Berman, profesor de Economía e investigador del Instituto de Investigación Social y Económica (ISER) de la Universidad de Alaska, dijo a EFE que el riesgo de un posible sobrecoste de decenas de miles de millones de dólares, sumado a la ausencia de contratos en firme para adquirir las enormes cantidades de gas natural que el proyecto produciría, «pone en duda» su viabilidad comercial.

Explica que el proyecto Alaska LNG, al igual que las propuestas anteriores de gasoductos destinadas a transportar gas natural desde la vertiente norte de Alaska hacia los mercados nacionales e internacionales, existe desde hace más de 50 años y no se han concretado.

«Este proyecto siempre ha dependido más de intereses políticos que de criterios económicos o de mercado; y hoy la situación no es distinta», agrega el catedrático.

Trump hizo el anuncio del compromiso de Taiwán como parte de su apoyo al senador republicano Dan Sullivan, que se enfrenta a la excongresista demócrata Mary Peltola, en una contienda que, según las encuestas, se encuentra empatada o ligeramente favor de ella y que podría ser clave en el control del Senado en Washington.

Perder la silla de Alaska, un estado tradicionalmente republicano, representaría un duro golpe para el partido y el mandatario, por lo que las promesas se han centrado en sacar adelante el proyecto que, según el promotor privado del gasoducto, generaría 12.000 empleos temporales durante la construcción y 1.000 empleos permanentes durante la etapa operativa.

¿Una amenaza al medioambiente?

Más allá de que el financiamiento se logre, el Alaska LNG se enfrenta al rechazo de organizaciones ecologistas. Erik Grafe, abogado director de la oficina regional de Alaska de Earthjustice, indicó a EFE que el proyecto plantea «enormes amenazas» medioambientales.

«Las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a este proyecto son enormes y perjudicarían tanto a nuestro planeta como a Alaska, agravando la crisis climática y las condiciones que provocan desastres», señala el activista.

Grafe advierte que la construcción y operación del gasoducto podrían dañar amplias zonas de Alaska, con la pérdida de más de 10.000 acres de humedales, daños a ecosistemas sensibles e impactos en especies amenazadas, como las belugas de la ensenada de Cook.

«Amenaza con retrasar aún más la tan necesaria transición de Alaska desde los combustibles fósiles hacia las energías limpias», lamentó.

La región de North Slope alberga aproximadamente 35 billones de pies cúbicos de reservas probadas de gas natural (equivalentes a más de 6.000 milones de barriles de crudo), además de un recurso potencial de otros 200 billones de pies, las mayores reservas de toda Notrteamérica.

Berman y Grafe coinciden en que, aunque la mayoría de los políticos de Alaska, independientemente de su partido, expresan su apoyo a la construcción del gaseoducto, este asunto no ha sido decisivo para las elecciones a lo largo de los años.

«Aconsejaría a los votantes de Alaska que no den mucha credibilidad a las afirmaciones de los políticos y candidatos sobre su capacidad para modificar los desafíos fundamentales del proyecto de LNG, que aún debe demostrar su viabilidad comercial antes de poder avanzar», puntualizó el catedrático. EFE

amv/jmr/jam

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