La cara B de las cumbres iberoamericanas
Madrid, 2 nov (EFE).- La diplomacia de las cumbres iberoamericanas ha conocido la tensión y el conflicto, pero también el humor y escenas insólitas: mandatarios en pijama, espontáneos cambios de corbata y discursos de tres minutos que, por arte de birlibirloque, duraron una hora.
Madrid acogerá la XXX Cumbre Iberoamericana el 4 y 5 de noviembre y tomará el testigo de Cuenca (Ecuador), una reunión marcada en 2024 por las ausencias, ya que solo acudieron tres jefes de Estado: el rey de España, Felipe VI, el presidente ecuatoriano, Daniel Noboa; y el portugués, Marcelo Rebelo de Sousa.
Desde su primera edición en 1991 hasta hoy, ninguna frase ha superado el legendario «¿Por qué no te callas?» que le espetó un visiblemente molesto rey Juan Carlos I al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, durante la clausura de la cumbre de Santiago de Chile, celebrada en 2007.
En aquel encuentro, Chávez había llamado ‘fascista’ al expresidente del Gobierno español José María Aznar, e interrumpía de manera constante el discurso de José Luis Rodríguez Zapatero, que intentaba defender a su predecesor en el cargo.
El incidente dio la vuelta al mundo y desató una crisis diplomática. Después se convirtió en un fenómeno viral, inspirando memes, camisetas y tonos de llamada del móvil.
El protagonismo de Fidel Castro
Fidel Castro fue una de las figuras centrales de estos encuentros, tanto por sus discursos largos y combativos como por las reacciones a favor y en contra que despertaba entre otros líderes.
En el año 2000, el líder cubano se enzarzó en una áspera discusión con el salvadoreño Francisco Flores y se cruzaron mutuas acusaciones de favorecer al terrorismo, a propósito de una resolución contra la banda terrorista española ETA.
Solo un oportuno chiste sobre españoles conquistadores de Hugo Chávez frenó el enfrentamiento verbal. Casi todos rieron, incluidos el entonces jefe del Gobierno español, José María Aznar, y el rey Juan Carlos I.
En esa misma reunión, Chávez llevó la espada del libertador Simón Bolivar para que fuera expuesta unos días en la capital panameña.
Una de las anécdotas más recordadas de las cumbres iberoamericanas ocurrió en 1996, en Viña del Mar (Chile), cuando Castro y Aznar intercambiaron sus corbatas durante un almuerzo de trabajo.
Castro, que estaba sentado junto a Aznar, elogió la corbata roja brillante del jefe del Gobierno español y acabaron intercambiándolas. Al reanudarse la sesión, Aznar llevaba la corbata azul oscuro con lunares de Castro y este lucía la del español.
La escena ganó aún más notoriedad por la frase que, según contó después el argentino Carlos Menem, Aznar le dijo al cubano al ajustarle el nudo: “Es una corbata, no una soga”.
Aznar también se adueñó de las cámaras, sin darse cuenta, cuando en 2001 saludó en la cumbre de Lima a su homólogo nicararagüense, Arnoldo Alemán, con un campechano «hombre, gordo». Alemán era conocido en la política nicaragüense e internacional con el alias de «El Gordo» debido a su entonces notable corpulencia.
Un nuevo ‘look’, sin corbatas ni trajes
La XXIV Cumbre Iberoamericana de Veracruz (México) arrancó vestida de “guayabera”, la camisa masculina típica del Caribe.
La mayoría de los presidentes y jefes de Estado optaron por la fresca y elegante prenda. Las únicas excepciones fueron los presidentes de Uruguay, José Mujica, y Guatemala, Otto Pérez Molina, que lucieron chaqueta oscura sobre camisa blanca sin corbata.
El cambio de ‘look’ no fue elegido en la cumbre de San José (Costa Rica), celebrada en 2004, cuando algunos mandatarios salieron de noche en pijama de sus habitaciones tras ser despertados por el temblor de un fuerte terremoto.
«El rey (Juan Carlos I) creyó que era un tren que pasaba muy cerca del hotel, pero cuando vino el segundo meneón, dijo no, esto no es un tren», comentó el presidente costarricense, Abel Pacheco, en tono de broma imitando el acento español.
Todo es amor
En una cita poética y metafórica que fue muy comentada por la prensa, el argentino Néstor Kirchner instó a «seguir enamorándonos» del espacio iberoamericano durante la cumbre de Montevideo, en 2006.
En 2013, el entonces presidente colombiano, Juan Manuel Santos, hizo un símil al comparar a Iberoamérica con un matrimonio que «de pronto se despiertan y el marido le dice a la mujer después de 5, 10 y hasta 20 años, mi amor, ¿por qué no nos conocemos?. Cuando eso sucede el matrimonio vuelve a florecer».
En la segunda cita iberoamericana, celebrada en 1992, el entonces secretario de Estado español Inocencio Arias afirmó: «No es que los jefes de Estado estén haciendo manitas por ahora, pero la atmósfera es muy buena y las sonrisas afloran a sus labios con bastante frecuencia». EFE
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