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Simon de Pury: «El mercado del arte necesita una transformación radical»

Simon de Pury asistió al estreno del documental «The Hammer» en el Festival de Cine de Zúrich, que le sigue en subastas por todo el mundo.
El subastador Simon de Pury en el estreno del documental «The Hammer» en el Festival de Cine de Zúrich. ©Andreas Rentz

El célebre subastador Simon de Pury se ha ganado su reputación vendiendo obras maestras a los coleccionistas más ricos del mundo. A sus 75 años, explica a Swissinfo por qué cree que el modelo de negocio que le dio fama está agotado y por qué el futuro del mercado del arte pasa por la tecnología y por derribar las barreras de la exclusividad.

En el mundo del arte, Simon de Pury es algo parecido a una estrella del rock. De hecho, le han llamado el «Mick Jagger» de las subastas. Sin embargo, la comparación entre el subastador, de 75 años, y Jagger, que tiene 83 y conserva un aspecto juvenil, se debe más a sus actuaciones en público que a su aspecto o su forma de vestir, aunque ambos conservan una buena melena.

Impecablemente vestido con su característico traje azul marino de la firma Caraceni, de Pury rompe con la imagen habitual del subastador de arte de lujo. Su estilo se ha ido perfeccionando a lo largo de una carrera que abarca más de medio siglo.

Simon de Pury (a la izquierda) presenta una fotografía de Mick Jagger en Montauk (1977), una de las piezas que se subastarán, sobre el escenario durante una gala celebrada en Salzburgo, Austria (agosto de 2025).
Simon de Pury (a la izquierda) presenta una fotografía de Mick Jagger en Montauk (1977), que se iba a subastar, durante una gala en Salzburgo, Austria (agosto de 2025). Gerald Matzka / Getty Images

En el documental The Hammer, estrenado en septiembre en el Festival de Cine de Zúrich, se le ve muy cómodo, bromeando ante un selecto público de coleccionistas de arte que pujan por cientos de miles e incluso millones de dólares. La impresión que transmite es la de un hombre extremadamente sociable, incansable en sus relaciones públicas.

Sin embargo, de Pury confiesa que todavía hoy se pone nervioso cuando tiene que subir al escenario. «De adolescente era muy tímido y, al principio de mi carrera en Sotheby’s, dirigir subastas fue todo un reto que me ayudó a superar esa timidez», cuenta a Swissinfo durante una entrevista en el lujoso hotel Baur au Lac, después del estreno del documental The Hammer en el festival.

De Pury procede de una familia acomodada de Ginebra y reconoce que, aunque tiene una faceta más extrovertida, también es una persona reservada, especialmente en su vida privada. «Supongo que eso es lo que tiene ser suizo», afirma. Desde hace más de dos décadas vive en Mónaco con su familia. El documental ofrece apenas unas pinceladas de su vida privada, a través de algunas fotografías familiares en las que aparece junto a su mujer y sus cuatro hijos.

La vida de un vendedor

La película sigue al célebre subastador por varias capitales del mundo. Sin embargo, su carrera no se limita a las salas de subastas y encuentros con artistas. Trabajó durante 16 años en Sotheby’s, hasta que el barón Heinrich Thyssen-Bornemisza le invitó a organizar su colección privadaEnlace externo, entonces una de las mayores del mundo, y a supervisar su traslado desde su villa de Lugano (Suiza) hasta su actual sede, el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid.

En 2000, de Pury adquirió la casa de subastas Phillips, fundada en 1796, y recuperó su prestigio en el mercado apostando por el arte contemporáneo. En 2012 la vendió al grupo Mercury, un holding propiedad de dos oligarcas rusos. Desde entonces trabaja por su cuenta: su empresaEnlace externo cuenta con un único asistente.

Fotografía en blanco y negro de una subasta de Sotheby’s repleta de gente
Aprovechando el ambiente de distensión propiciado por las políticas de glasnost de Gorbachov, Simon de Pury ideó y organizó la primera subasta de arte de la historia de la Unión Soviética el 7 de julio de 1988. El evento conmocionó a Moscú y convirtió a varios artistas rusos hasta entonces desconocidos en celebridades de la noche a la mañana. Photograph Courtesy of Sotheby’s, Inc. © 2026

«Cuando vendí Phillips, pensé que no volvería a dirigir una subasta», recuerda. «Y ahora, a mi avanzada edad, dirijo más subastas que nunca». La semana anterior a nuestro encuentro en Zúrich había llevado a cabo subastas en Dallas, Venecia, Basilea y Mónaco. Al día siguiente se marchaba para afrontar otra semana de actividad frenética.

A pesar de moverse en los círculos más exclusivos del mundo del arte y de viajar constantemente por todo el mundo, de Pury sigue atento a las nuevas tendencias y le preocupa sinceramente el elitismo que caracteriza a este ambiente tan cerrado. Tanto es así que no ha dudado en apostar por las nuevas tecnologías para facilitar el acceso a las obras de arte.

«Big Ego», de John Giorno
A propósito del ego, cuenta: «Hay un artista al que admiro mucho, John Giorno (1936-2019), que hizo una gran serie gráfica titulada Big Ego. Le pregunté si podía crear una versión de gran formato y la vendí en una subasta benéfica durante una gala del Festival de Cine de Cannes. Me encantó ver cómo todo el mundo pujaba cantidades elevadas por aquel gran ego». Giorno Poetry Systems

Swissinfo: El mercado del arte ha cambiado constantemente a lo largo de sus más de 50 años de carrera. Han aparecido nuevos actores: grandes galerías, galerías internacionales, ferias de arte de alcance mundial y nuevos mercados importantes, como China. ¿Echa de menos cómo era antes?

Simon de Pury: No, en absoluto. Creo que el mercado del arte se encuentra en un momento fascinante y necesita una transformación radical. Es uno de los ámbitos que mejor ha resistido las innovaciones tecnológicas, pero ha llegado el momento de adoptarlas. Se puede resistir al cambio, pero tarde o temprano el cambio acaba imponiéndose. Y creo que eso es lo que va a ocurrir ahora.

Aunque el mercado del arte es mucho más grande que cuando empecé mi carrera, sigue siendo pequeño en términos absolutos y tiene un enorme potencial de crecimiento. El arte es universal, igual que la música.

Creo que el propio sector artístico ha levantado barreras que dificultan el acceso e intimidan a la gente. Las nuevas tecnologías permitirán que todo el mundo pueda acceder tanto al mercado como al conocimiento que lo rodea.

De Pury dirige una subasta junto al actor estadounidense Robert de Niro durante la gala anual «Cinema Against AIDS» de amfAR en Cannes, celebrada en Cap d'Antibes, en el marco del 75.º Festival de Cine de Cannes.
De Pury dirigió una subasta junto al actor estadounidense Robert de Niro durante la gala anual «Cinema Against AIDS» de amfAR en Cannes, durante el 75° aniversario del festival de cine de Cannes. Stefano Rellandini / AFP

Usted ocupa una posición muy destacada en el mercado. Como vemos en la película, también trabaja para eliminar intermediarios y poner en contacto más directo a los artistas con quienes compran sus obras. Es otra forma de transformar el sector, ¿no? 

Los subastadores acabarán desapareciendo porque son intermediarios. Me entusiasma pensar en cómo el mundo del arte transformará las subastas presenciales incorporando dinámicas de juego y haciéndolas accesibles para que todo el mundo pueda participar.

Cuando un gran coleccionista entra en Sotheby’s o Christie’s, un experto le explica los detalles de una obra y comparte sus conocimientos. Pero ese conocimiento puede ponerse al alcance de todo el mundo. Y cuanto más se sabe, más ganas se tienen de aprender. La clave está en la educación: cuanto más conoces un tema, más quieres profundizar en él y acercarte a ese mundo. Difundir el conocimiento es absolutamente esencial.

Creo que la transformación probablemente no vendrá de los actores tradicionales del sector, sino de personas con conocimientos tecnológicos y experiencia en el mundo de los videojuegos. Eso sí, también necesitarán los conocimientos especializados del mercado del arte.

Pero si conseguimos reunir lo mejor de estos ámbitos, podremos revolucionar por completo el mercado del arte. El modelo actual es fruto de la visión de Peter Wilson, que asumió la presidencia de Sotheby’s en 1958. Todo lo que él anticipó acabó haciéndose realidad. Sin embargo, creo que hemos llegado al límite de lo que ese modelo de negocio puede ofrecer. Ahora necesita una transformación radical.

Peter Wilson (1913-1984), el hombre que inventó el sistema moderno de subastas.
Peter Wilson (1913-1984), el hombre que inventó el sistema moderno de subastas. Sotheby’s

Está surgiendo una nueva generación de coleccionistas. Una parte importante hereda las colecciones de sus padres y no las vende. También aparecen nuevos actores, como los multimillonarios tecnológicos, y crece el mercado asiático. ¿Cree que pueden contribuir a esa transformación? 

Es muy importante que el mercado se renueve constantemente y amplíe su horizonte con personas que compran y coleccionistas. Cada año fallece toda una generación de coleccionistas de gran relevancia.

Pongamos un ejemplo: el hip hop. Siempre me ha fascinado la joyería de ese mundo, las grandes y llamativas joyas que lucían sus protagonistas. Fue una innovación cultural muy interesante en un ámbito en el que no suele haber demasiadas novedades.

El álbum «Graduation» de Kanye West, con portada del artista japonés Takashi Murakami.
El álbum «Graduation» de Kanye West, con portada del artista japonés Takashi Murakami. Reproduction

En aquella época, los grandes magnates del hip hop compraban coches de lujo, relojes caros y joyas, pero no adquirían obras de arte. Después, eso cambió. ¿Quién propició ese cambio?

El primero fue Kanye West. Sé que ahora es una figura controvertida y que sus actuaciones son indefendibles. Sin embargo, fue el primero en encargar a artistas contemporáneos como Takashi Murakami, para la portada de su tercer álbum, Graduation (2007), o George Condo, para My Beautiful Dark Twisted Fantasy (2010), el diseño de sus discos. También fue el primero en empezar a coleccionar arte.

Después, otros nombres destacados del hip hop, como Jay-Z, Pharrell Williams, Puff Daddy y muchos más, siguieron sus pasos y se interesaron por el arte afroamericano. Durante mucho tiempo, Jean-Michel Basquiat fue prácticamente el único artista afroamericano con gran reconocimiento en el mercado, como si fuera el único «artista de color». Después llegó toda una generación de artistas extraordinarios, como Mark Bradford y Kerry James Marshall. La lista es larga y el valor de mercado de sus obras ha aumentado exponencialmente.

La comunidad tecnológica, salvo una o dos excepciones, todavía no ha entrado realmente en el mercado del arte, como sí hicieron los gestores de fondos de inversión libre (hedge funds), que se convirtieron en grandes coleccionistas cuando empezaron a ganar mucho dinero.

La portada de George Condo para el álbum «My Beautiful Dark Twisted Fantasy».
La portada diseñada por George Condo para el álbum «My Beautiful Dark Twisted Fantasy», de Kanye West. Reproduction

Aunque muchos de ellos veían el arte más como una inversión que como una pasión.

Es posible. Pero creo que es muy importante que las personas del sector tecnológico participen más activamente en el mercado del arte. Lo harán cuando comprendan que la única forma de dejar un legado duradero es a través del arte y la cultura. Por muchas innovaciones que introduzcan, nunca dejarán una huella tan profunda y perdurable como la del arte y la cultura.

Otro mundo muy importante que me apasiona y que todavía no ha entrado en el mercado es el fútbol. Bastaría con que alguien como el futbolista noruego Erling Haaland empezara a coleccionar arte para desencadenar un movimiento.

Del mismo modo que los artistas del hip hop se convirtieron en referentes a la hora de marcar tendencias, los futbolistas también pueden hacerlo. Quien más gasta acaba marcando tendencia. Lo mismo podría ocurrir con el sector tecnológico. Por eso, los gustos siempre cambian y evolucionan.

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Para transformar el mercado mediante la tecnología y conectar directamente a artistas y galerías con compradores, Simon de Pury ha creado una plataforma en línea desde la que dirige las subastas a través de un avatar digital de sí mismo. Courtesy de Pury

En cuanto a los nuevos mercados, China es ya el segundo mayor mercado del arte del mundo. Pero ¿tiene hoy un papel relevante, teniendo en cuenta que, en general, los coleccionistas chinos compran sobre todo arte de su propio país?

Al principio sí. El caso chino es muy interesante porque algunas de las mayores colecciones de arte chino fueron creadas inicialmente por personas extranjeras. El empresario suizo Uli Sigg fue una figura clave en la promoción del arte chino. Cuando Harald Szeemann, también suizo y comisario de la Bienal de Venecia en 1999, dedicó por primera vez una sección entera al arte chino, todos los artistas que presentó habían sido descubiertos por Uli Sigg. Fue entonces cuando los propios chinos empezaron a coleccionar arte de forma activa y, posteriormente, también a adquirir obras de grandes artistas occidentales.

Pero sobre todo de maestros clásicos, ¿verdad?

Sí, de maestros clásicos y modernistas, como Modigliani, pero también de artistas contemporáneos de vanguardia. Durante la pandemia de COVID-19, cuando solo podíamos contemplar obras de arte a través del iPad y el iPhone, los compradores chinos desempeñaron un papel muy importante en las adquisiciones por internet.

Esa actividad se ha moderado por ahora, pero diría que las compras procedentes de Asia serán fundamentales para el futuro del mercado del arte. Siempre hay que observar qué regiones del mundo tienen mayor fortaleza económica. La creatividad suele florecer en las zonas económicamente más prósperas. Siempre me ha fascinado ver cómo un auge económico va acompañado de un auge cultural.

¿Dónde cree que está ocurriendo ahora? 

En Estados Unidos ha surgido una nueva categoría de oligarcas. Eso también tendrá repercusiones en el mercado y en los gustos del futuro.

El mercado se ha vuelto mucho más internacional. Algunas de las mejores obras de arte contemporáneo de los últimos años se han creado en África. Existe una feria extraordinaria, 1-54, que se celebra en Londres, Nueva York y MarrakechEnlace externo, y que ha promovido las carreras de numerosos artistas africanos. Hoy, por tanto, el lugar de residencia ya no es determinante para los artistas.

Aun así, la mayor parte del arte africano sigue comercializándose en Estados Unidos y Europa. No hay grandes galeristas ni actores importantes del mercado procedentes de África. 

Sin embargo, ahora hay bastantes coleccionistas africanos. Hace dos semanas estuve en Ruanda y visité el Gihanga Institute of Contemporary Art, que acaba de abrir sus puertas. Su impulsor, Kami Gahiga, también trabaja parcialmente para Art Basel, donde se encarga de los coleccionistas africanos. Todo está conectado a escala mundial.

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El Instituto Gihanga de Arte Contemporáneo abrió sus puertas en diciembre de 2025. Obra expuesta: «Umukobwa #7», de Cedric Mizero, en colaboración con Michealine y Mackson Muhawenimana. Aniket Uke

Estamos asistiendo a una concentración del mercado: las grandes galerías y los principales actores sobreviven y prosperan, mientras que las galerías medianas, entre ellas las especializadas en arte latinoamericano y africano, atraviesan dificultades. ¿Cómo ve la situación actual de las galerías pequeñas y medianas? De ellas suele surgir el talento nuevo y original. 

Precisamente por eso creo que el mercado está maduro para una transformación radical. Es cierto que las dificultades son cada vez mayores y que a la inmensa mayoría de las galerías les cuesta mucho mantener su actividad. Muchas ya no pueden permitirse participar en una feria de arte tras otra. Además, para que una feria te admita, necesitas tener también un espacio físico.

Es un modelo problemático, porque solo los grandes actores podrán seguir participando, mientras que muchas galerías quedarán excluidas. En el caso de las casas de subastas, cuando sus beneficios empiezan a disminuir, suben las comisiones, algo que no es sostenible. Si tengo que vender una obra por un valor de entre cero y 3.000 millones de dólares, debo dejar al menos un 28 % en comisiones. Son márgenes absurdos.

El mercado tiene que encontrar la manera de reducir esos márgenes. Eso permitirá ampliar su alcance. Y para vender de forma más eficiente será necesario recurrir a la tecnología. 

Y a usted le gustaría formar parte de esa transformación, ¿verdad?

Mientras siga vivo y en plena forma, me encantaría formar parte de ella.

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Artículo editado por Virginie Mangin y adaptado al español por Carla Wolff.

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