Votar en el noreste brasileño, donde la vida depende de las ayudas de Lula
Ailén Desirée Montes
Potengi (Brasil), 17 oct (EFE).- Para Luiz Rodrigues, un humilde agricultor del interior de Ceará, en el empobrecido noreste de Brasil, la política representa la diferencia entre beber un vaso de agua o ver cómo la sequía devora el trabajo de todo un año.
Esto explica por qué su comunidad entregó un aplastante 84 % de los sufragios en la primera vuelta de las elecciones a Luiz Inácio Lula da Silva, a quien los vecinos señalan como el único mandatario que miró hacia esta región del país.
Esa devoción no es un fenómeno aislado: el mapa del «sertão», una extensa región semidesértica del noreste de Brasil que vive en la pobreza, se tiñó por completo del rojo del Partido de los Trabajadores (PT) de Lula en la noche electoral, el 4 de octubre.
Una vida de sacrificios
Antes de que los gallos canten, don Luiz ya está labrando la tierra roja de Potengi, donde el PIB per cápita no roza ni la tercera parte de la media nacional y la rutina de trabajar de madrugada nació para burlar el calor inclemente.
Para este campesino de 71 años, que enfrenta un clima con apenas cuatro meses de lluvia al año, el camino hasta la urna fue una travesía marcada por el sacrificio.
«La mitad (de los ingresos) era para comprar comida, la otra mitad era para el patrón», dice al recordar sus primeros trabajos, cuando su ingreso diario no rendía ni para un kilo de frijoles.
Un día de 1979, en uno de esos noticieros mostraron las huelgas sindicales que se producían en São Paulo en plena dictadura militar (1964-1985), a 2.500 kilómetros, lideradas por un joven Lula de barba tupida.
«Empecé a admirar a aquel hombre por la valentía que tenía y el deseo de buscar lo mejor para todos», dice con el rostro curtido por el sol.
En ese momento, este agricultor de complexión pequeña decidió que era hora de involucrarse en el Sindicato de Trabajadores Rurales y, luego, en el PT.
«Yo era un campesinito muy tímido, pero no estaba de acuerdo con las injusticias de este mundo», confiesa Luiz, recordando que votó a Lula desde su primera candidatura, en 1989, “en contra de la voluntad del patrón”.
“Los otros campesinos me decían: ‘Hombre, ¿vas a hacer eso?’. Y yo les decía: ‘Si no soy dueño ni de mi propio voto, ¿de qué voy a ser dueño, mi amigo?'», relató.
Un círculo de autosuficiencia
La vida de esta familia pasa por sus 20 hectáreas de propiedad y por los recursos que el Gobierno le facilitó. A través de programas estatales de microcréditos rurales, Luiz fue levantando paso a paso un ecosistema autosuficiente.
El crédito inicial contemplaba un cupo de dos cerdos por familia y la construcción de dos corrales de cemento; sin embargo, gracias a la alianza con vecinos, el terreno de Luiz alberga ocho cerdos.
Mediante una red de canalizaciones subterráneas y biodigestores que especialistas gubernamentales les enseñaron a instalar, el excremento de los cerdos se procesa para generar biogás, que se ve directamente en sus fogones.
Frente al chiquero cacarean sus gallinas, acompañadas por una vaca.
A un lado de su casa turquesa, iluminada gracias a un programa de universalización de energía creado en 2003, durante el primer Gobierno de Lula, resplandece la huerta familiar.
Sus hortalizas y legumbres se mantienen vivas aun en el clima semiárido gracias al agua almacenada en una cisterna construida mediante otro programa estatal, de universalización del agua, creado en 2011, bajo gestión de Dilma Rousseff, ahijada política de Lula.
El ‘supermercado’ concluye con la cosecha de granos que guarda celosamente en silos de metal, resguardados dentro de una de las casonas tradicionales de barro y madera que habitan el terreno.
El miedo al fin de los programas sociales
Tras la primera vuelta de las elecciones, los vecinos de Potengi ven el horizonte político como una película de terror ante la posibilidad de que el ultraderechista Flávio Bolsonaro gane en segunda vuelta.
El temor principal de la región es el «desamparo» por parte del Gobierno y «que se descontinúen las políticas públicas», dice a EFE Luã Almino, presidente del PT en el municipio.
Para Luiz, el contexto actual se resume con la historia de los doce espías de la Biblia: «El pueblo está repitiendo lo que le hizo a Moisés. Después de cruzar el Mar Rojo, se rebelaron y no pudieron entrar a la Tierra Prometida por pura ignorancia».
«El pueblo, que fue tan beneficiado, corre el riesgo de entregarse en manos de gente que se alía con los Estados Unidos. Eso es hacerse el mal a uno mismo», considera. EFE
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