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Malestar social, disturbios y desconfianza institucional, claves de sacudida en Francia

París, 20 oct (EFE).- Las protestas contra el encarecimiento de la vida y los disturbios que sacudieron Francia el 17 de octubre reflejan un descontento social que trasciende a los jóvenes y plantean interrogantes sobre la autoridad del Estado, el mantenimiento del orden público y la confianza en las instituciones.

Es el análisis de varios expertos publicados en medios franceses. El politólogo Jérôme Fourquet advierte de que la sucesión de episodios violentos puede normalizar los disturbios y modificar el escenario político antes de las elecciones presidenciales, mientras que la socióloga Anne Muxel destaca la extensión de la exasperación entre los jóvenes y las familias.

Por su parte, Antoine Marie y Peter Barrett alertan de que la impunidad ante los abusos policiales puede alimentar la desconfianza institucional.

Los cuatro apuntan al desafío al que se enfrentan las autoridades francesas de restablecer el orden público sin ignorar las reivindicaciones sociales ni deteriorar la confianza ciudadana en las instituciones, en un momento de creciente polarización política antes de las elecciones presidenciales.

Normalización de los disturbios y consecuencias políticas

En una entrevista este martes en France Inter, Fourquet, director del departamento de opinión del instituto demoscópico IFOP, considera que las movilizaciones expresan un malestar relacionado con el coste de la vida que afecta a amplios sectores de la población y no solo a estudiantes.

Fourquet cita los datos del Ministerio del Interior, según los cuales 550.000 personas participaron en las protestas. Compara esa cifra con las 280.000 personas que, según los datos policiales, participaron en el primer sábado de movilizaciones de los ‘chalecos amarillos’ en 2018 y con los 1,1 millones que secundaron la primera jornada de protestas contra la reforma de las pensiones en enero de 2023.

El politólogo distingue varios perfiles entre los participantes en los disturbios: militantes de extrema izquierda que atacan símbolos institucionales, delincuentes profesionales que planifican los saqueos y jóvenes que aprovechan el desorden para participar en actos vandálicos.

Fourquet señala que algunas personas se fotografían durante los saqueos, bailan alrededor de los incendios y exhiben los objetos robados. A su juicio, estas conductas reflejan una sensación de poder e impunidad que, junto con la influencia de las redes sociales, favorece la extensión de la violencia.

El analista también observa una evolución respecto a los disturbios de 2005 contra la austeridad presupuestaria, ya que los alborotadores se concentran cada vez más en los centros urbanos y atacan ayuntamientos, bancos y agencias inmobiliarias.

«Muchos de estos individuos tienen la sensación de que hoy todo está permitido», afirma Fourquet.

En el plano político, Fourquet cree que la crisis refuerza la percepción de debilitamiento del presidente Emmanuel Macron y puede favorecer la polarización entre las fuerzas vinculadas a la protesta y las que reclaman el restablecimiento del orden.

«Lo que aparece hoy como el partido del orden es la Agrupación Nacional», sostiene. Según su análisis, la formación de extrema derecha puede capitalizar la demanda de seguridad sin asumir directamente la responsabilidad de haber gobernado Francia a escala nacional.

Exasperación generalizada

La socióloga Anne Muxel, directora de investigación del Centro de Investigaciones Políticas de Sciences Po, considera que la magnitud de las movilizaciones estudiantiles refleja un malestar que también está presente en los hogares franceses.

En una tribuna en Le Monde, Muxel sostiene que la ira, el descontento y la ansiedad que impulsan las protestas de estudiantes de secundaria y universitarios son sentimientos compartidos por una mayoría de franceses.

La socióloga señala que las encuestas realizadas antes del 17 de octubre ya reflejaban esa preocupación, lo que apunta a que las movilizaciones juveniles forman parte de un clima social más amplio y no constituyen un fenómeno aislado.

Deterioro de la confianza institucional

Antoine Marie, investigador en psicología política en Sciences Po, y Peter Barrett, asociado en el Centro Europeo de Negociación, advierten en otra tribuna también en ‘Le Monde’ de que la impunidad ante los abusos policiales puede deteriorar la confianza de los ciudadanos en las instituciones.

Sostienen que, cuando las conductas policiales indebidas quedan impunes -dos adolescentes han resultado amputados de una mano y otros dos han perdido un ojo-, los ciudadanos pueden concluir que la policía y, a través de ella, el Estado, no los respetan. «La violencia policial impune alimenta la desconfianza institucional y, posteriormente, el odio», advierten.

Su análisis subraya que la respuesta a los disturbios no depende únicamente de la capacidad policial para restablecer el orden, sino también de la percepción de legitimidad y justicia con la que los ciudadanos evalúan la actuación de las instituciones. EFE

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