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Una iniciativa suiza propone que quienes viajan en avión financien los trenes 

Una iniciativa suiza pretende gravar todos los vuelos que salgan de Suiza y destinar los fondos recaudados a conceder a los residentes vales para trenes, autobuses y tranvías.
Una iniciativa popular presentada recientemente busca gravar los vuelos que salgan de Suiza para financiar vales de tren, autobús y tranvía para la población. Illustration: Kai Reusser, Swissinfo

Una iniciativa de una ONG medioambiental pretende gravar cada vuelo que salga de Suiza y distribuir la mayor parte de la recaudación mediante vales para viajar en tren. El plan se enfrenta a la oposición de las aerolíneas, al escepticismo de especialistas en medioambiente y a la indiferencia de quienes ya disfrutan de vuelos baratos. 

Cerca de 90.000 personas transitan cada día por el aeropuerto de Zúrich, un flujo que supera la población de la ciudad de Lucerna. El transporte aéreo en Suiza representa más de una décima parte de las emisiones totales del país, uno de los índices más altos de Europa.

Una reciente iniciativa popular impulsada por una ONG pretende aprovechar esa gran cantidad de vuelos para apoyar alternativas de transporte terrestre más ecológicas. Presentada en abril por la organización medioambiental suiza umverkehR, la propuesta se someterá a consulta popular nacional si consigue el apoyo de, al menos, 100.000 personas con derecho a voto en un plazo de 18 meses.

La iniciativa propone establecer una tasa mínima de 30 francos suizos (unos 37 dólares) por cada billete de vuelo con salida desde Suiza, para luego distribuir los fondos mediante vales de tren, autobús y tranvía entre las personas que residen en el país. El objetivo es reducir los viajes en avión y, al mismo tiempo, abaratar y mejorar la calidad de los transportes alternativos.

Sin embargo, aunque el plan podría generar cientos de millones en ingresos, grupos expertos se preguntan si la prioridad no debería ser, en su lugar, que las aerolíneas redujeran sus emisiones de carbono.

Más vuelos, mayores emisiones

En 2025, el aeropuerto de Zúrich registró una cifra récord de 32,6 millones de pasajeros, superando así el máximo que se alcanzó antes de la pandemia y provocando un incremento en las emisiones de carbono del sector aéreo. Según la Oficina Federal del Medio Ambiente, los vuelos internacionales desde Suiza generaron más de 5,5 millones de toneladas de CO2Enlace externo en 2024, lo que supone un aumento de casi el 10% respecto al año anterior. Desde 1990, las emisiones del sector aéreo han subido casi un 80% en Suiza. Este dato contrasta con la caída constante de las emisiones nacionales, donde la contaminación de los edificios, la industria y el transporte terrestre ya se sitúa por debajo de los niveles de dicho año.

La altitud a la que se liberan las emisiones del transporte aéreo hace que la contaminación sea más peligrosa. Al emitirse en capas altas de la atmósfera, los gases retienen más calor, lo que provoca que el impacto sobre el calentamiento global casi se triplique.

Cómo funcionaría el impuesto a los vuelos

La tasa comenzaría en 30 francos suizos para billetes de clase turista en trayectos cortos e iría aumentado en función de la distancia y la categoría. Por su parte, los vuelos en jets privados pagarían un mínimo de 500 francos suizos por trayecto. El parlamento se encargaría de determinar los importes exactos.

El plazo para recoger las 100.000 firmas requeridas y poder así llevar a cabo la votación popular expira en octubre de 2027. Si se alcanza esta cifra, el parlamento debatirá la iniciativa y podrá plantear una contrapropuesta, por lo que la consulta popular no se celebraría hasta, al menos, el año 2028. La campaña estima una recaudación anual de unos 1.500 millones de francos suizos, de los cuales al menos dos tercios se devolverían a la población. De esta forma, cada residente de Suiza, independientemente de si utiliza el avión o no, recibiría un vale anual por un valor superior a 100 francos suizos para viajar.

Este vale podría canjearse por billetes de tren internacionales o abonos para tranvías, trenes y autobuses locales. Quienes visiten Suiza por turismo también deberán pagar el impuesto en los vuelos de salida, pero no recibirán los vales, lo que incrementaría la cantidad total recaudada. Según los cálculos de la campaña, alrededor del 90% de la población residente obtendría más dinero en vales del que pagaría en tasas. El saldo sólo sería negativo para quienes vuelen frecuentemente o en categorías superiores.

Los fondos restantes que no se hayan distribuido irían destinados a financiar trenes nocturnos y conexiones internacionales, ya que su oferta ha caído considerablemente durante las dos últimas décadas.

Según Thibault Schneeberger, coordinador de la iniciativa de umverkehR en la región francófona de Suiza, «no se trata sólo de aplicar tasas a la población sin ofrecer alternativas. Invertimos en infraestructura y conseguimos reducir el coste de los trenes gracias al vale».

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La brecha de precios entre aviones y trenes es el eje central de la propuesta. El transporte público de Suiza ya funciona en parte con fondos públicos, ya que la infraestructura se financia a través de un fondo ferroviario federal y las tarifas cubren sólo una parte del coste de los servicios regionales. Aun así, Schneeberger señala que el precio de los billetes casi se ha duplicado en tres décadas, mientras que el transporte aéreo, exento de IVA, suele ser más barato que el tren.

La campaña barajó la posibilidad de aplicar una tasa más alta por el uso frecuente de vuelos, pero la acabó descartando. El seguimiento individual de los vuelos exigiría una base de datos centralizada, una medida que generaría un gran rechazo en Suiza por verse como una forma de vigilancia.

Dudas por todas partes

El sector de la aviación se encuentra bajo presión para reducir sus emisiones, pero sus representantes afirman que una tasa nacional no es la forma correcta de lograrlo.

Según Andreas Schürer, director de Aviationsuisse, un grupo de presión que representa a empresas y organizaciones que dependen de conexiones aéreas, «las medidas unilaterales a nivel nacional corren el riesgo de debilitar la conectividad y pueden crear desventajas competitivas». También advierte de que quienes tengan que viajar podrían intentar eludir la tasa suiza despegando desde aeropuertos internacionales cercanos como Múnich o Milán. Además, sostiene que los ingresos de cualquier tasa tendrían que destinarse a la descarbonización del propio sector, investigando, por ejemplo, combustibles alternativos.

Para Schürer, «la aviación no es un lujo, sino parte de la infraestructura básica de un país moderno». Respalda también los planes internacionales de descarbonización como el programa CORSIA de las Naciones Unidas, que obliga a las aerolíneas a comprar créditos de carbono para compensar todo aumento que exceda el nivel de referencia previamente fijado.

Anthony Patt, profesor de política climática en el instituto federal de tecnología ETH de Zúrich, también se opone a la tasa, aunque por un motivo distinto: considera que es insuficiente. Según sus estimaciones, el impuesto reduciría los viajes de negocios entre un 4% y 7%, y los de ocio entre un 15% y un 30%, cifras insuficientes a la hora de mitigar el impacto ambiental de los vuelos. Además, Patt recuerda que la legislación suiza ya cuenta con herramientas eficaces para reducir las emisiones: desde enero, el combustible de avión debe contener al menos un 2% de carburante sostenible en Zúrich y Ginebra, porcentaje que deberá alcanzar el 70% para el año 2050.

Según Patt, «tenemos 24 años para alcanzar las cero emisiones netas, por lo que encarecer los vuelos será bastante menos efectivo que aplicar medidas para descarbonizarlos».

Suiza ya ha pasado por esto

En junio de 2021, la ciudadanía rechazó por un ajustado margen (el 51,6% frente al 48,4%) una tasa sobre los vuelos casi idéntica a esta última propuesta. Sin embargo, la medida formaba parte de una ley de CO2 de mayor alcance que también elevaba el precio de la gasolina y el combustible para la calefacción. El análisis posterior atribuyó el fracaso a esas otras disposiciones, ya que el impacto habría sido mayor en las regiones rurales y dependientes del automóvil.

Los países vecinos de Suiza ya han implantado una tasa similar. Francia, Alemania, Italia y Austria gravan los billetes de avión, al igual que Reino Unido, Noruega, los Países Bajos y Dinamarca. Según la Asociación Internacional del Transporte Aéreo (IATA, por sus siglas en inglés), en la mayoría de los países la recaudación se destina al presupuesto general del Estado en lugar de reservarse para medidas climáticas o de transporte. Aun así, la tendencia no es uniforme: Suecia eliminó su tasa a mediados de 2025 y el Gobierno de Alemania tiene previsto rebajar la suya próximamente para dar un respiro al sector.

En su lugar, Suiza recurre al régimen de comercio de derechos de emisión de la Unión Europea, un sistema que obliga a las compañías aéreas a pagar por cada tonelada de dióxido de carbono que emitan. Sin embargo, este mecanismo sólo se aplica a los vuelos dentro de Europa. Las rutas de larga distancia, responsables de la mayor parte del impacto medioambiental del sector, no están incluidas. Por este motivo, voces críticas advierten que en torno al 70% del CO2 de la aviación europea no está sujeta a ningún gravamen.

No es fácil poder determinar si la tasa de 30 francos suizos podrá cambiar la forma de volar de la población de Suiza. En un sondeo encargado por Aviationsuisse y realizado por el instituto demoscópico Sotomo, el 76% identificó la duración del trayecto como el factor determinante a la hora de elegir el avión frente al tren. Apenas una cuarta parte priorizó el bajo coste, lo que sugiere que un recargo de 30 francos suizos resultaría insuficiente para desincentivar el transporte aéreo.

El sondeo también reveló que el 74% de las personas participantes respaldaba que las tasas se destinaran a financiar combustibles más ecológicos. Sin embargo, cerca del 70% afirmó no confiar en que las aerolíneas cumplan sus promesas medioambientales. 

Los sondeos de la propia campaña indican lo contrario. Según un estudio del instituto gfs-Zürich llevado a cabo para umverkehR  a finales de 2025, alrededor de dos tercios de la ciudadanía de Suiza apoyaría un impuesto al CO2 sobre los vuelos. Ante esta cuestión, el resultado parece depender de quién pregunte y cómo.

Artículo editado por Gabe Bullard y Virginie Mangin. Adaptado al español por Cristina Esteban. Revisado por Carla Wolff.

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