¿El silencio es oro en Suiza?
La tranquilidad y el silencio son dos conceptos que, en el imaginario colectivo, van de la mano con Suiza. Aventurémonos con paso sigiloso, y con un toque de ironía, entre leyendas urbanas —como la prohibición de tirar de la cadena por la noche— y las pequeñas manías de un pueblo que ama su tranquilidad, aunque, por supuesto, no faltan las excepciones.
Si hacemos una rápida comparación con las leyes sobre el orden público vigentes en los países vecinos, Suiza no destaca precisamente por su severidad. Las horas de descanso nocturno durante las cuales no se deben producir ruidos molestos, por ejemplo, son más o menos las mismas que en Italia, Francia, Alemania y Austria, es decir, de las 22:00 a las 6:00 (más o menos, dependiendo del cantón, del municipio o del día de la semana en cuestión).
Sin embargo, en el imaginario colectivo, Suiza es un lugar donde el silencio es oro, donde rigen normas tan absurdas como estrictas y sanciones tan rápidas como severas para garantizar que la tranquilidad, nocturna pero no solo, no se vea alterada.
Es difícil determinar en qué se basa exactamente este estereotipo, pero pocas personas lo desmentirían, y eso ya es un indicio de una verdad subyacente. Una verdad que probablemente surge, más que del amor por el silencio, de una innegable cultura de la discreción combinada con un sentido del respeto por las normas particularmente desarrollado y poco propenso a la flexibilidad. Es esta importancia que se concede a las normas de convivencia, tal vez, lo que ha permitido que culturas y lenguas tan diferentes permanezcan unidas en este peculiar país.
Pero volvamos a hablar de cosas serias, como por ejemplo usar la cadena del inodoro.
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¿Leyenda urbana?
Desmentamos de inmediato una de las falsedades más extendidas: en Suiza no es ilegal tirar de la cadena del reservorio de agua del inodoro después de las 22:00. Mencionada también en un artículoEnlace externo del Daily Mail, esta anécdota resurge periódicamente en los foros en línea, pero no tiene ningún fundamento en la legislación suiza.
A escala federal, el único artículoEnlace externo del Código Civil que menciona el ruido en el ámbito de las relaciones de vecindad es el siguiente:
«Todo el mundo está obligado a abstenerse de cualquier exceso que perjudique la propiedad del vecino. Quedan prohibidos, en particular, la contaminación atmosférica, los malos olores, los ruidos, los sonidos, las vibraciones, las radiaciones y la privación de insolación o de luz diurna que causen perjuicio a los vecinos y no estén justificados por la situación y el destino de los terrenos o por el uso local».
En el fascinante mosaico federalista que es Suiza, esta norma se complementa con otras disposiciones diversas a nivel cantonal y municipal. Pero tirar de la cadena por la noche nunca es ilegal.
Pero cuidado: podría estar prohibido por el reglamento de la comunidad de las personas propietarias de los inmuebles. En muchos edificios, sobre todo en los antiguos y poco insonorizados, esta norma está relativamente extendida, especialmente cuando hay personas intransigentes en el edificio (una especie que en Suiza parece encontrar su hábitat ideal).
Nuestra compañera Patricia Islas lo ha experimentado de primera mano. En el edificio en el que vivía en Kerzers, cerca de Berna, si se atrevía a tirar de la cadena después de las 22:00, una propietaria que vivía en la planta de abajo, golpeaba el techo con el mango de la escoba durante una hora en señal de protesta.
Sin embargo, Patricia y el vecindario decidieron que no era necesario seguir esa norma absurda. Le dieron a entender a la propietaria que, si se obstinaba en su obsesión, llamarían a la policía y a los servicios psiquiátricos. La pequeña revolución tuvo éxito.
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De lavadoras, bocinas y otros demonios
Otras normas de comunidad son más habituales, se cumplen y se aceptan con mayor frecuencia, y son comunes también en otros países, aunque quizá se apliquen con menos intransigencia.
Un ejemplo por encima de todos: la lavadora. Aunque se trate del último modelo más silencioso, y esté instalada en el refugio antiaéreo del sótano de un edificio de viviendas, hay muchas probabilidades de que esté prohibido utilizarla los domingos, día sagrado de descanso. Se llega incluso a casos en los que la «inmoralidad» se castiga apagando la lavadora a mitad del ciclo.
Y si, por desgracia, precisamente un domingo se te cae el tarro de azúcar y se derrama su contenido por el suelo, utilizar la aspiradora para remediar el incidente podría ser una estrategia para encontrarse rápidamente con el vecino, que llamará a la puerta para recordarnos los buenos modales.
El orden, la limpieza y un respeto obsesivo por la forma de hacer la recogida selectiva son también cualidades que un hipotético «manual del suizo/a perfecto/a» describiría como esenciales. Pero las normas sobre el silencio y la tranquilidad prevalecen. Depositar el vidrio en el punto de recogida correspondiente (quizá separándolo diligentemente también por colores cuando la normativa municipal lo exija) podría parecer un comportamiento totalmente encomiable. Sin embargo, si, una vez más, «por desgracia es domingo», corre el riesgo de acabar con una buena multa.
¿En Suiza se da prioridad a la tranquilidad y el silencio, o al orden y la limpieza? A juzgar por los hechos —o mejor dicho, por las urnas—, parece que prevalecen los primeros valores.
Un ejemplo reciente tiene que ver con los sopladores de hojas. En septiembre de 2025, el 61,7 % del electorado de Zúrich decidió en votación prohibir el uso de los modelos de gasolina y limitar el de los eléctricos al período comprendido entre octubre y diciembre. En este artículo encontrarán más detalles sobre esta insólita consulta popular.
En la carretera, como recuerda nuestra compañera Serena Tinari en este artículo, el uso del claxon está mucho más restringido en Suiza que en otros países. El conductor debe comportarse de tal manera que tenga que utilizar «lo menos posible» lo que la ordenanza sobre normas de circulación define como «avises acústicos». Durante el día, solo está permitido si lo exige la seguridad vial (por ejemplo, para advertir a los «niños que, al borde de la carretera o en ella, no prestan atención al tráfico»). «Al anochecer», reza la ordenanza, «solo se podrán utilizar señales luminosas» y «los avisadores acústicos únicamente en caso de peligro».
22:00 horas en Suiza, el «muro del sonido»
En Italia, el artículo 844 del Código Civil establece que los ruidos son ilícitos si superan la «tolerabilidad normal». En Suiza, aunque no esté codificado con las mismas palabras, se aplica el mismo principio, pero parece que este límite se alcanza mucho más fácilmente que en el resto del mundo.
Como afirma el cómico Thomas Wiesel en este vídeo de la RTS dedicado precisamente a la tranquilidad en Suiza: «Si después de las 22:00 horas oyes algo más que el sonido de tu propia respiración, tienes que llamar a la policía».
De hecho, se diría que en el país alpino el mejor momento para cometer un delito son precisamente las 22:00 horas, ya que buena parte de las y los agentes de policía estarán atendiendo las denuncias de personas molestas por el volumen que algún habitante cercano no ha bajado inmediatamente al dar la décima campanada.
Las terrazas de los bares y locales nocturnos no son una excepción. Las personas encargadas de estos sitios se ven a menudo en la escena de discutir con la policía por las molestias que su clientela causa al vecindario. En la eterna búsqueda de un equilibrio entre el derecho al descanso y el derecho al ocio, Ginebra ha introducido la figura profesional del «susurrador», cuya tarea consiste en «evitar los excesos con cordialidad», explica la página webEnlace externo de las autoridades cantonales, invitando a hablar en voz baja cuando se encuentren fuera de los locales.
Cencerros y campanarios, a menudo absueltos
Un límite al amor de Suiza por la tranquilidad parece ser el que le imponen sus propias tradiciones.
Ya estén colgadas del cuello de un bovino o resuenen desde lo alto de un campanario, las campanas son un tema en torno al cual se desata habitualmente un ruidoso conflicto.
El guion es casi siempre el mismo: «nuevos residentes», acostumbrados hasta entonces a vivir en un entorno urbano, se trasladan a un bucólico pueblo de campo. Molestos por las campanas y/o los cencerros, recurren a las autoridades para que limiten la contaminación acústica. Una parte de los residentes de toda la vida se indigna y presenta una petición en sentido contrario. Los ánimos se caldean mientras los medios locales especulan sobre el conflicto entre la ciudad y el campo y sobre qué límite acústico es lícito imponer a las tradiciones.
El desenlace, sin embargo, varía. En 2021, por ejemplo, las autoridades cantonales de Argovia obligaron a un ganadero a quitar los cencerros a su ganado entre las 22:00 y las 7:00 horas. La prohibición afecta únicamente a un pastizal concreto del pueblo de Berikon, cercano a la ciudad Zúrich.
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Las campanas de la iglesia: encanto y tormento
Uno de los casos más recientes se remonta a 2023 y afecta al pueblo de Aarwangen, en el cantón de Berna, donde, a raíz de las quejas de dos parejas recién llegadas, se ha formado un auténtico movimiento a favor de las campanas y los cencerros.
Una iniciativa firmada por casi uno de cada tres habitantes fue aprobada por la asamblea municipal y en la página web del municipio se puede leer hoy: «Es posible una coexistencia armoniosa entre los sonidos tradicionales de las campanas de la iglesia, los cencerros y las ordenanzas sobre el ruido. AarwangenEnlace externo se considera un pueblo rural con tradiciones históricas, entre las que se incluye el sonido de las campanas, tanto de día como de noche».
También es famoso el caso de la iglesia de WädenswilEnlace externo, en el cantón de Zúrich. En 2017, el Tribunal Federal, es decir, la máxima instancia judicial helvética, revocó una decisión del Tribunal cantonal. Así dictaminó que las campanas podían seguir repicando cada cuarto de hora, tanto de día como de noche. En otras localidades, como Hochdorf, en el cantón de Lucerna, o Stabio, en el Tesino, en cambio, la frecuencia de los repiques de los campanarios, especialmente por la noche, se ha reducido sin gran oposición.
Edición de Daniele Mariani, adaptación al español de Patricia Islas
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