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¿El silencio es oro en Suiza?

Escultura de un rostro con el dedo índice delante de la boca.
¡Shhh! Está usted en Suiza. Ernie A. Stephens / Unsplash

La tranquilidad y el silencio son dos conceptos que, en el imaginario colectivo, van de la mano con Suiza. Aventurémonos con paso sigiloso, y con un toque de ironía, entre leyendas urbanas —como la prohibición de tirar de la cadena por la noche— y las pequeñas manías de un pueblo que ama su tranquilidad, aunque, por supuesto, no faltan las excepciones.

Si hacemos una rápida comparación con las leyes sobre el orden público vigentes en los países vecinos, Suiza no destaca precisamente por su severidad. Las horas de descanso nocturno durante las cuales no se deben producir ruidos molestos, por ejemplo, son más o menos las mismas que en Italia, Francia, Alemania y Austria, es decir, de las 22:00 a las 6:00 (más o menos, dependiendo del cantón, del municipio o del día de la semana en cuestión).

Sin embargo, en el imaginario colectivo, Suiza es un lugar donde el silencio es oro, donde rigen normas tan absurdas como estrictas y sanciones tan rápidas como severas para garantizar que la tranquilidad, nocturna pero no solo, no se vea alterada.

Es difícil determinar en qué se basa exactamente este estereotipo, pero pocas personas lo desmentirían, y eso ya es un indicio de una verdad subyacente. Una verdad que probablemente surge, más que del amor por el silencio, de una innegable cultura de la discreción combinada con un sentido del respeto por las normas particularmente desarrollado y poco propenso a la flexibilidad. Es esta importancia que se concede a las normas de convivencia, tal vez, lo que ha permitido que culturas y lenguas tan diferentes permanezcan unidas en este peculiar país.

Pero volvamos a hablar de cosas serias, como por ejemplo usar la cadena del inodoro.

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¿Leyenda urbana?

Desmentamos de inmediato una de las falsedades más extendidas: en Suiza no es ilegal tirar de la cadena del reservorio de agua del inodoro después de las 22:00. Mencionada también en un artículoEnlace externo del Daily Mail, esta anécdota resurge periódicamente en los foros en línea, pero no tiene ningún fundamento en la legislación suiza.

A escala federal, el único artículoEnlace externo del Código Civil que menciona el ruido en el ámbito de las relaciones de vecindad es el siguiente:

«Todo el mundo está obligado a abstenerse de cualquier exceso que perjudique la propiedad del vecino. Quedan prohibidos, en particular, la contaminación atmosférica, los malos olores, los ruidos, los sonidos, las vibraciones, las radiaciones y la privación de insolación o de luz diurna que causen perjuicio a los vecinos y no estén justificados por la situación y el destino de los terrenos o por el uso local».

En el fascinante mosaico federalista que es Suiza, esta norma se complementa con otras disposiciones diversas a nivel cantonal y municipal. Pero tirar de la cadena por la noche nunca es ilegal.

Pero cuidado: podría estar prohibido por el reglamento de la comunidad de las personas propietarias de los inmuebles. En muchos edificios, sobre todo en los antiguos y poco insonorizados, esta norma está relativamente extendida, especialmente cuando hay personas intransigentes en el edificio (una especie que en Suiza parece encontrar su hábitat ideal).

Nuestra compañera Patricia Islas lo ha experimentado de primera mano. En el edificio en el que vivía en Kerzers, cerca de Berna, si se atrevía a tirar de la cadena después de las 22:00, una propietaria que vivía en la planta de abajo, golpeaba el techo con el mango de la escoba durante una hora en señal de protesta.

Sin embargo, Patricia y el vecindario decidieron que no era necesario seguir esa norma absurda. Le dieron a entender a la propietaria que, si se obstinaba en su obsesión, llamarían a la policía y a los servicios psiquiátricos. La pequeña revolución tuvo éxito.

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Debate
moderado por Zeno Zoccatelli

¿Ha oído alguna vez algo «extraño» sobre Suiza que le haya intrigado?

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De lavadoras, bocinas y otros demonios

Otras normas de comunidad son más habituales, se cumplen y se aceptan con mayor frecuencia, y son comunes también en otros países, aunque quizá se apliquen con menos intransigencia.

Un ejemplo por encima de todos: la lavadora. Aunque se trate del último modelo más silencioso, y esté instalada en el refugio antiaéreo del sótano de un edificio de viviendas, hay muchas probabilidades de que esté prohibido utilizarla los domingos, día sagrado de descanso. Se llega incluso a casos en los que la «inmoralidad» se castiga apagando la lavadora a mitad del ciclo.

Y si, por desgracia, precisamente un domingo se te cae el tarro de azúcar y se derrama su contenido por el suelo, utilizar la aspiradora para remediar el incidente podría ser una estrategia para encontrarse rápidamente con el vecino, que llamará a la puerta para recordarnos los buenos modales.

El orden, la limpieza y un respeto obsesivo por la forma de hacer la recogida selectiva son también cualidades que un hipotético «manual del suizo/a perfecto/a» describiría como esenciales. Pero las normas sobre el silencio y la tranquilidad prevalecen. Depositar el vidrio en el punto de recogida correspondiente (quizá separándolo diligentemente también por colores cuando la normativa municipal lo exija) podría parecer un comportamiento totalmente encomiable. Sin embargo, si, una vez más, «por desgracia es domingo», corre el riesgo de acabar con una buena multa.

¿En Suiza se da prioridad a la tranquilidad y el silencio, o al orden y la limpieza? A juzgar por los hechos —o mejor dicho, por las urnas—, parece que prevalecen los primeros valores.

Un ejemplo reciente tiene que ver con los sopladores de hojas. En septiembre de 2025, el 61,7 % del electorado de Zúrich decidió en votación prohibir el uso de los modelos de gasolina y limitar el de los eléctricos al período comprendido entre octubre y diciembre. En este artículo encontrarán más detalles sobre esta insólita consulta popular.

En la carretera, como recuerda nuestra compañera Serena Tinari en este artículo, el uso del claxon está mucho más restringido en Suiza que en otros países. El conductor debe comportarse de tal manera que tenga que utilizar «lo menos posible» lo que la ordenanza sobre normas de circulación define como «avises acústicos». Durante el día, solo está permitido si lo exige la seguridad vial (por ejemplo, para advertir a los «niños que, al borde de la carretera o en ella, no prestan atención al tráfico»). «Al anochecer», reza la ordenanza, «solo se podrán utilizar señales luminosas» y «los avisadores acústicos únicamente en caso de peligro».

22:00 horas en Suiza, el «muro del sonido»

En Italia, el artículo 844 del Código Civil establece que los ruidos son ilícitos si superan la «tolerabilidad normal». En Suiza, aunque no esté codificado con las mismas palabras, se aplica el mismo principio, pero parece que este límite se alcanza mucho más fácilmente que en el resto del mundo.

Como afirma el cómico Thomas Wiesel en este vídeo de la RTS dedicado precisamente a la tranquilidad en Suiza: «Si después de las 22:00 horas oyes algo más que el sonido de tu propia respiración, tienes que llamar a la policía».

Contenido externo

De hecho, se diría que en el país alpino el mejor momento para cometer un delito son precisamente las 22:00 horas, ya que buena parte de las y los agentes de policía estarán atendiendo las denuncias de personas molestas por el volumen que algún habitante cercano no ha bajado inmediatamente al dar la décima campanada.

Las terrazas de los bares y locales nocturnos no son una excepción. Las personas encargadas de estos sitios se ven a menudo en la escena de discutir con la policía por las molestias que su clientela causa al vecindario. En la eterna búsqueda de un equilibrio entre el derecho al descanso y el derecho al ocio, Ginebra ha introducido la figura profesional del «susurrador», cuya tarea consiste en «evitar los excesos con cordialidad», explica la página webEnlace externo de las autoridades cantonales, invitando a hablar en voz baja cuando se encuentren fuera de los locales.

Cencerros y campanarios, a menudo absueltos

Un límite al amor de Suiza por la tranquilidad parece ser el que le imponen sus propias tradiciones.

Ya estén colgadas del cuello de un bovino o resuenen desde lo alto de un campanario, las campanas son un tema en torno al cual se desata habitualmente un ruidoso conflicto.

El guion es casi siempre el mismo: «nuevos residentes», acostumbrados hasta entonces a vivir en un entorno urbano, se trasladan a un bucólico pueblo de campo. Molestos por las campanas y/o los cencerros, recurren a las autoridades para que limiten la contaminación acústica. Una parte de los residentes de toda la vida se indigna y presenta una petición en sentido contrario. Los ánimos se caldean mientras los medios locales especulan sobre el conflicto entre la ciudad y el campo y sobre qué límite acústico es lícito imponer a las tradiciones.

El desenlace, sin embargo, varía. En 2021, por ejemplo, las autoridades cantonales de Argovia obligaron a un ganadero a quitar los cencerros a su ganado entre las 22:00 y las 7:00 horas. La prohibición afecta únicamente a un pastizal concreto del pueblo de Berikon, cercano a la ciudad Zúrich.

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Demografía

Las campanas de la iglesia: encanto y tormento

Este contenido fue publicado en ¿Una institución cultural o un incómodo estruendo? Las campanadas marcan el tiempo, convocan a la plegaria y causan irritación entre algunos vecinos, lo que ha generado disputas sobre si deben ser acalladas. Algunas iglesias han cedido ante la presión pública y redujeron el volumen o la frecuencia de los tañidos. Durante una reciente velada de viernes, las iglesias echaron las campanas al vuelo durante un festival veraniego. Un coro cacofónico resonó durante 15 minutos a lo largo y ancho del casco antiguo de la capital helvética atrayendo a un sinnúmero de visitantes. “Para mí no es ruido, sino música. Las campanas de las iglesias tienen tonos diferentes. Es música para mis oídos”, dice Dominik Däppen, campanero de la zona del Lago de Thun, a swissinfo.ch. Sin embargo, puede entender a los que son menos entusiastas y sugiere algunas maneras de atenuar el estrépito. Se podría recurrir al aislamiento, como en el caso de la Catedral de Berna, o cambiar los mecanismos de los badajos, precisa. En Alemania, “muchas torres de iglesias han sido aisladas con paneles de madera o metal que absorben el sonido”, asienta, por su parte, Matthias Walter, presidente del gremio suizo de campaneros. Walter indica a swissinfo.ch que las campanas suizas no son necesariamente más estridentes que las de otros países de Europa, pero que la típica arquitectura de la torre en Suiza -relativamente abierta- hace parecerlo. Otra diferencia clave está en la frecuencia. “En Francia, las campanas repican por lo general cada hora. Mientras que en Suiza unas tañen cada 15 minutos y otras cada hora”, apunta Walter. Añade que en Italia, la frecuencia depende de la región, pero “en el norte tienden a sonar un poco más y hay torres más abiertas”. Ley: la tradición prima El Tribunal Federal, la más alta instancia judicial en Suiza, ha recibido cuatro quejas relacionadas con el tañido de las campanas y en todos los casos se ha pronunciado en favor de estas. Rechazó la queja presentada por un residente de Gossau, Zúrich, contra las campanadas de la Iglesia Evangélica Reformada, con el argumento de que el mantenimiento de la tradición era una cuestión de interés público. El denunciante trasladó su denuncia a la Corte Europea de Derechos Humanos de Estrasburgo, Francia, en 2010. El caso fue declarado inadmisible en 2013. ¿Un riesgo para la salud? Cuatro veces por hora, 24 horas al día, es demasiado para Lärmsensible, un grupo de interés que hace campaña en pro de una Suiza más silenciosa. Lärmsensible significa “sensible al ruido” en alemán. “El ruido de las campanas de las iglesias impide a las personas conciliar y mantener el sueño por la noche. Y eso conduce al estrés, que puede enfermar a la gente”, señala el portavoz de Lärmsensible, Samuel Büechi, a swissinfo.ch. Así pues, ¿las campanas de la iglesia son un riesgo para la salud? Es muy posible, de acuerdo con la Oficina Federal de Medio Ambiente, que tiene una sección dedicada a la contaminación acústica. “Hay buenas razón para creer que el ruido genera reacciones de estrés, y el estrés conduce a impedimentos de salud a largo plazo”, puntualiza Mark Brink, psicólogo y colaborador científico de la Oficina del Medio Ambiente, a swissinfo.ch. Las autoridades federales pueden regular el ruido causado por el tráfico y la industria, pero no pueden decir a las iglesias lo que deben hacer. “No hay límites explícitos de exposición al ruido para las campanas de las iglesias en la noche. Es un conflicto que debe resolverse a nivel local. Pero de ser posible, debería evitarse el repique nocturno. Cuanto menos ruido, mejor. Esa es siempre nuestra posición”, subraya Brink. Agrega que un buen compromiso sería que no tocaran entre las 22 horas y las 6 o las 7 de la mañana, algo que muchas iglesias han hecho. Según una encuesta publicada por el diario zuriqués ‘Tages-Anzeiger’, 15 de los 34 iglesias protestantes de Zúrich, y 16 de las 24 católicas silenciaron sus campanas por la noche. A guisa de ejemplo, en el barrio de Höngg (Zúrich), la Iglesia Evangélica Reformada, previo acuerdo de los feligreses y luego de las quejas de algunos vecinos, suprimió los tañidos nocturnos. La parroquia católica local había hecho lo propio tiempo antes. “Estoy muy convencido de que la tradición de hacer sonar las campanas de la iglesia – por lo menos en la noche – terminará en cinco a diez años”, asegura Brink, quien, por cierto, siempre ha vivido en lugares donde podía oír las campanas durante la noche. “Las parroquias piensan que es políticamente más sabio hacerlo voluntariamente que esperar a que la gente se queje”. ¡Ding-dong! Pero si a la gente le molesta el sonido de las campanas de la iglesia, ¿por qué elige vivir cerca de ellas? “No hay suficiente espacio de vida tranquilo y asequible”, según explica Büechi. “Es muy difícil encontrar un apartamento tranquilo, especialmente si no se tiene auto y no se quiere vivir lejos del centro de la ciudad”. Muchas personas ni siquiera piensan en los campanarios cuando buscan un apartamento, opina Walter. Después de mudarse, les sorprenden las campanas resonando en la noche. En su opinión, hay dos reacciones típicas: “Algunos dicen: ‘¡Oh, Dios. Esto me despierta, pero voy a ver cómo va!’ … y al cabo de un par de semanas se acostumbran y ya no les molesta”. Otros, sin embargo, deciden que es mejor hacer algo de inmediato, lo que a menudo incluye discusiones desagradables e incluso acciones legales. “Entonces, por supuesto, el sonido molesta a la persona cada vez que lo escucha, porque le recuerda el proceso legal”, apunta Walter. Sin embargo, Brink destaca la importancia de tener presente que para un buen número de personas, las campanas de la iglesia tienen un efecto psicológico positivo. “Se sienten mejor, se sienten como en casa, sienten que de alguna manera, Dios vela por ellos, por lo que hay un significado psicológico para esas personas. Y eso hace que sea un poco diferente a otros tipos de ruido”.

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Uno de los casos más recientes se remonta a 2023 y afecta al pueblo de Aarwangen, en el cantón de Berna, donde, a raíz de las quejas de dos parejas recién llegadas, se ha formado un auténtico movimiento a favor de las campanas y los cencerros.

Una iniciativa firmada por casi uno de cada tres habitantes fue aprobada por la asamblea municipal y en la página web del municipio se puede leer hoy: «Es posible una coexistencia armoniosa entre los sonidos tradicionales de las campanas de la iglesia, los cencerros y las ordenanzas sobre el ruido. AarwangenEnlace externo se considera un pueblo rural con tradiciones históricas, entre las que se incluye el sonido de las campanas, tanto de día como de noche».

Manifiesto
«Yo siento la tradición». Cartel del campamento a favor de las campanas y los cencerros de Aarwangen. Keystone / Anthony Anex

También es famoso el caso de la iglesia de WädenswilEnlace externo, en el cantón de Zúrich. En 2017, el Tribunal Federal, es decir, la máxima instancia judicial helvética, revocó una decisión del Tribunal cantonal. Así dictaminó que las campanas podían seguir repicando cada cuarto de hora, tanto de día como de noche. En otras localidades, como Hochdorf, en el cantón de Lucerna, o Stabio, en el Tesino, en cambio, la frecuencia de los repiques de los campanarios, especialmente por la noche, se ha reducido sin gran oposición.

Edición de Daniele Mariani, adaptación al español de Patricia Islas

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